6 de junio 2003 - 00:00
"Aunque sea eficaz, no me entusiasma el humor sexual"
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Hugo Varela
Así explica Hugo Varela el nombre de su último show, «Contra las cuerdas», con el que realizó una gira el año pasado, que presentó en Mar del Plata durante el verano, y que a partir de hoy mostrará en el teatro ND/Ateneo, con funciones de viernes a domingos.
La casa de Varela, donde conversamos con él, es un enorme loft -originalmente un galpónque el humorista-músico convirtió en vivienda, sala de ensayos y taller en el que fabrica sus originales instrumentos.
Periodista: ¿Cómo surgen los instrumentos que se van incorporando a sus espectáculos?
Hugo Varela: Hay distintos caminos. Algunos objetos me sugieren un instrumento, como la chata enlozada convertida en guitarra. En otros, la construcción es más rara, como el exhibidor de medias femeninas que convertí en una viola da gamba. A veces, estoy buscando el absurdo, como la guitarra gigante, o la diminuta, o la otra que se parte por la mitad en medio de la canción. Lo que sí tengo claro a esta altura es que no necesariamente los instrumentos que me dan más trabajo son los más efectivos. Hay un bandoneón en miniatura cuya construcción fue trabajosa que apenas uso un instante en el espectáculo y produce un efecto menos fuerte que, por ejemplo, la flauta con la perita de enemas, cuya construcción es obviamente más sencilla. De todos modos, hay instrumentos que sólo sirven para un espectáculo porque buena parte de su valor está en la sorpresa. O sea que en muchos casos los abandono y los rescato pero sólo mucho tiempo después.
P.: ¿Para la creación de las canciones, el proceso es parecido al de los instrumentos?
H.V.: Sí. Una canción puede nacer de un instrumento, por ejemplo, la «Zamba de la Escupidera»; a partir de un tema del que quiero hablar, de una frase que surge de casualidad: «no hay papel», fue la base para lo que sería luego mi mayor hit, «La Corbata Rojo Punzó»; o de un juego de palabras, como «El señor del monóculo». Es decir que ahí también las opciones son diversas.
P.: ¿Por qué muchas de sus canciones y de los instrumentos que elige se relacionan con lo escatológico?
H.V.: Me doy cuenta de que todo lo que tiene que ver con nuestro aparato digestivo -incluidos los dientes- tiene un efecto humorístico muy fuerte. Claro que hay que hacerlo bien para no resultar grosero. En cambio, aunque también sé que produce buen efecto, no me entusiasma tanto trabajar sobre las cuestiones sexuales.
P.: ¿Antes de dedicarse al humor, pensó alguna vez en ser un músico «serio»?
H.V.: La música me viene desde chico, porque mi padre, que era sanjuanino, tocaba la guitarra y cantaba folklore. De él me viene también la prosa milonguera, porque me leía el «Martín Fierro». Yo fui aprendiendo de oído y varias veces he intentado estudiar guitarra seriamente, y de adolescente hasta pensé en ser concertista -llegué a tocar repertorio de Asturias o el «Concierto de Aranjuez»-, pero podría decir que mis intentos fracasaron en ese sentido. También tocaba la quena desde chico. Paralelamente, la cosa del humor estuvo siempre en mí.Yo era el gracioso en la escuela, en el club, en el barrio. Y de esas épocas j uveniles es también el antecedente del «hombre orquesta»; ya entonces tocaba varios instrumentos a la vez. El resumen de todo eso es lo que soy ahora. Aunque para redondear podría decir que tengo escritas algunas canciones «serias», pero en general no les presto mucha atención; ni siquiera las he registrado.
H.V.: Una vez hablaba de eso con Daniel Rabinovich, de Les Luthiers, y él me decía que el grupo a veces se convierte en un factor de censura. Estar solo te permite, inclusive en el escenario, cambiar algo o improvisar en el momento. Pero, por supuesto, esto tiene una contrapartida, y es que el riesgo y las decisiones son exclusivamente propias, que no hay con quién compartirlos. Elijo esta manera de todos modos. Hasta hace un tiempo me presentaba con un músico que podía tocar piano, o guitarra o percusión. Pero en un momento tuve que reemplazarlo porque le surgió otro trabajo y no me fue fácil. Así que empecé a actuar absolutamente solo, con el apoyo de un sonidista que me larga pistas grabadas en algunos momentos del espectáculo. Y ha sido bueno, porque me permite una relación mucho más cercana con la gente, a la que estoy haciendo participar cada vez más.




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