21 de enero 1999 - 00:00

"AUSTIN POWERS, CASI UN AGENTE SECRETO "

D urante los años '60 cuando Sean Connery hacía explotar la taquilla con el James Bond original, comenzaron a aparecer las copias y parodias de los espías sofisticados. A medida que avanzaba la década, no sólo los estudios europeos y los productores de cine clase B generaban estos agentes secretos con nombres como James Tont (nada menos que Lando Buzzanca), sino que los estudios tradicionales de Hollywood lanzaban espías autoparódicos como Flint (James Coburn) o Matt Helm (Dean Martin).
Al tener en mente todos estos subproductos de 007, Mike Myers guionista, coproductor y responsable de dos de los personajes protagónicos del film-evitó que «Austin Powers» sea sólo una parodia directa de James Bond al estilo de «La Pistola Desnuda». «Austin Powers» es una de las comedias lunáticas más divertidas y creativas del Hollywood moderno debido a que no se limita a burlarse de lo obvio, sino que usa al género a parodiar como excusa para enfrentar los años '60 con los '90.

 Contraste

Austin Powers es un súper agente británico que durante la época de oro del Swingin' London frecuentaba las discotecas ultramodernas cargadas de estética pop y sonidos distorsionados. En su lucha contra el archivillano Dr. Evil (también interpretado por Myers) Powers es hibernado y descongelado en la actualidad. Acostumbrado al amor libre, los villanos comunistas y los discos de vinilo, el espía debe enfrentarse a un mundo hostil en donde la mayoría de las cosas que le gustaban ahora son políticamente incorrectas o simplemente pasadas de moda.
El contraste entre las dos épocas ayudan a que esta comedia despliegue imágenes muy superiores a lo que se ve habitualmente en el género. La dirección de arte es excepcional, y la banda de sonido sixtie es tan buena cuando recurre a viejos clásicos pop como cuando se burla de la música psicodélica con temas cantados por el mismo Myers, que aquí confirma en forma definitiva el talento visto en «El mundo según Wayne».
Los infructuosos intentos por seducir a Elizabeth Hurley (súper sexy «chica Powers»), la lucha por escuchar un CD en un viejo tocadiscos, o el sorprendente descubrimiento de que Liberace era gay, dan lugar a escenas hilarantes como no se veían desde hace mucho tiempo. E incluso los chistes más tontos y elementales como el largo gag escatológico inspirado en un escena de «Las angustias del Dr. Mel Brooks» están tan bien ubicados que en vez de restar nivel ayudan a que «Austin Powers» se termine convirtiendo en un entretenimiento verdaderamente imperdible.

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