(30/04/2001) * Casi 170 largometrajes, 111 cortos, y un audiovisual ofreció el Festival del Gobierno de la Ciudad a lo largo de 10 días. Ganó la película china «Plattform», de Jia Zhangke. La cantidad de material quizá sea para el Guinnes si no fuera porque la programación estuvo mal distribuida, que muchos films eran de discutible nivel, y que el exceso sólo sirvió para que varias buenas ofertas quedaran desperdiciadas, por ejemplo, el especial de Nick Park.
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* Además de los surtidos errores en las publicaciones del Festival, señaladas ya en esta sección, también llamó la atención leer en el catálogo oficial que «en la Argentina las escuelas de cine se crearon recién hace diez años», y esto firmado por una autoridad de la muestra. Es más o menos como decir que las cosas nacieron recién cuando uno se acercó a ellas.
* Elogiable, en cambio, la productora Liliana Mazure, inclusive por lo que no hizo: pudo presionar para incluir su película «Van Van» en programa, y prefirió no mezclar los tantos. Un buen ejemplo.
* De interés para una parte del público fueron las varias películas de temática sexual, general-mente homo, y/o sadomasoquista, que llenaron no sólo las trasnoches. Pero la polémica no fue tanto por ese lado, sino por las películas que el festival postula como la gran cosa: las coreanas (cuando este diario le preguntó a un funcionario si realmente le gustaban, soltó una carcajada), y algunas argentinas de gente muy publicitada, que cree haber descubierto la pólvora, como «Animalada» o «La libertad».
* Otro público, en cambio, se volcó a las películas de próximo estreno comercial (prácticamente un tercio del total, incluyendo las tres mejores en competencia: «Nubes de mayo», «Plataforma», y «Pizarrones»), a los documentales brasileños (muy buenos, especialmente «Babilonia 2000», de Eduardo Coutinho, que se queda para dar un seminario, y «Saudades do futuro»), y al ciclo de Antoine Doinel de Truffaut. Ayer domingo se enfrentaban, precisamente, las 7 hs 15' de cinco películas de Truffaut, contra las 7 hs 45' de una sola película de Bela Tarr, un húngaro heredero de Miklos Jancsó (denso, tortuoso, con largos tiempos muertos), con la sola diferencia que Jancsó cada tanto ponía una mujer desnuda para animar un poco al espectador.
* Dicho sea de paso, hubo muchas otras películas larguísimas, de cinco, cuatro, y tres horas, como si nada. Por eso fue muy bueno incluir «Simplemente sangre. Director's cut», donde los hermanos Coen, en vez de agregar minutos a su película, la hicieron más breve. Otro ejemplo a seguir.
* Interesante, asimismo, la cantidad de películas argentinas en promoción. A destacar, entre otras, «La fe del volcán», «Taxi-un encuentro», la rosarina «Ilusión de movimiento», la salteña «Modelo 73», y el documental «Bonanza», sobre un gordo viudo que, a la orilla del camino, crió a sus hijos arreglando autos, cazando víboras y cotorras, etc. Todo un personaje, que estuvo presente, y terminó ovacionado por el público. También estuvo el senador Antonio Cafiero, viendo «Evita capita-na», simpática evocación de la final del campeonato 1951 definida entre Banfield y Racing. Lo curioso es que la película se dio con un promo turístico de la empresa Pol-Ka. Como se advierte, eso de cine independiente que extra-ñamente se autoatribuye el Festival sigue siendo algo confuso.
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