14 de septiembre 2001 - 00:00
Avatares del festival
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Estaban allí Cecilia Felgueras; la subsecretaria de Patrimonio Cultural, Silvia Fajre; el subsecretario de Gestión e Industrias Culturales, Ricardo Manetti y, naturalmente, el secretario de Cultura de la Ciudad, Jorge Telerman, que en su carácter de primer orador no pudo menos que sorprenderse ante la significativa ausencia de Graciela Casabé, directora del festival. «Debería estar acá arriba», dijo. Después se supo que Casabé estuvo todo el tiempo en la sala, pero abajo del escenario.
Ya con los funcionarios sentados en la platea, a punto de iniciarse el concierto de Bregovic y cuando parecía que el único castigado iba a ser el jefe de Gobierno, una mujer tomó un megáfono para responder con «éste es un barco que va a la deriva», contestando la metáfora con la que Telerman quiso lisonjear a «los timoneles» que llevaron a «buen puerto la nave» de la muestra «contra viento y marea».
Aunque la razón oficial para el mutis de Casabé fueron los «detalles de último momento», no faltaron las especulaciones, sobre todo teniendo en cuenta que la productora y ex dueña de la hoy ya mítica Babilonia está casada con el frepasista Javier Grossman, quien se desempeñó hasta hace pocos meses como subsecretario de Cultura de Telerman, no precisamente en buena vecindad. Lo cierto es que Casabé ya dirigió las dos ediciones anteriores del Festival de Buenos Aires (en tiempos en que Darío Lopérfido estaba al frente de Cultura de la Ciudad) y siempre se mantuvo fuera de las fotos y los vaivenes políticos. En la fiesta de inauguración que se hizo el mismo miércoles en el Palacio Alsina se escuchó a muchos casabistas recordar que en ninguna de las dos ediciones pasadas hubo discursos oficiales en la inauguración.
En efecto, en la primera, una voz femenina en off agradeció la presencia de los grupos extranjeros y presentó directamente a Milva. En la segunda, Vittorio Gassman abrió el festival, mientras alumnos de la Escuela de Arte Dramático protestaban en la puerta.
En la misma fiesta (en la que sobraron calentitos y canapés y escaseó el vino, la única oferta alcohólica, pero fundamentalmente tuvo un clima acorde con los tristes acontecimientos planetarios) muchos se preguntaban también si la silbatina había hecho olvidar a Ibarra el estado de duelo que él mismo decretó por tres días a partir del nefasto 11 de setiembre. Oficialmente se arguye que los grupos extranjeros deben cumplir sus funciones contratadas por la imposibilidad de postergarlas para otro día. No es el caso de los espectáculos nacionales que, en virtud del duelo, ayer no pudieron ser representados, dos de los cuales («Amanda y Eduardo» y «3 X») no recuperarán las funciones perdidas.
A propósito del «Hamlet», que debuta hoy y está entre las obras que se aguardan con más interés (más allá de sus virtudes, la verdad es que del resto se sabe poco), la oficina de prensa del festival informó que la ausencia de su director, Eimuntas Nekrosius, obedeció a problemas familiares. También trascendió que los requerimientos escénicos de este «Hamlet» de tres horas cuarenta exigieron el acopio de 50 litros de agua que circularán por diversas canaletas.




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