Los creativos internacionales de reality shows llegaron tan lejos que insistieron durante dos meses a una clínica de rehabilitación de drogadictos y alcohólicos con el fin de realizar un «Gran hermano» con los pacientes, cosa que obviamente rechazaron sus responsables. En tanto, son cada vez más los miembros del público que se oponen a los programas «reales» y hasta las productoras de Hollywood, que también intervienen en la realización de programas para las cadenas televisivas, sostienen que es un fenómeno pasajero y que «cuanto más de lo mismo se vea en la pantalla, menos tiempo tardará en fracasar».
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Claro que quienes siguen buscando ideas para encerrar gente o enviarla a lugares exóticos no vaticinan una pronta saturación. En Estados Unidos se están produciendo nuevos reality shows con forzadas innovaciones: «Murder in Small Town X» consiste en la eliminación de los participantes (simbólica, por ahora) a cargo de un asesino serial; otro somete a los concursantes a ganar una carrera; existe una secuela sobre parejas solteras en un crucero y hasta hay un programa que reúne a jóvenes seductoras que buscan convertirse en playmates de la revista «Playboy».
Por suerte, después de tanto reality con «Gran hermano», al fin algo de ficción en «Telefé». La telenovela «Provócame», con Chayanne, Araceli González y Romina Yan, busca distraer un poco al perturbado público argentino del riesgo-país, Bolsas y ajustes, y sumergirlo en el mundo de los campos, los caballos y la felicidad. Con tramas frecuentes en culebrones de familias ricas, no falta la mujer que se casa con el hombre que no ama (González), el bonito que busca interponerse entre ambos (Chayanne) y la tercera en discordia, madre y angelical (Romina Yan). Aceptable producto, por lo que se vio hasta ahora.
También en «Telefé» sorprende «El hacker» por su calidad estética, su ajustada edición y su dirección en sintonía con el tema de la informática. Aunque la idea fue explotada en varias películas, la cuestión de los hackers como hilo conductor es nueva en la pantalla chica. La miniserie que protagoniza Carlos Calvo seguramente interesará más a quienes poco entienden de computación que a aquellos expertos que se preocupan en buscar en el programa cuestiones que no podrían ocurrir en la vida virtual más que real.
Lanzaron el muy publicitado «22, el loco», la nueva tira que protagoniza y produce Adrián Suar, cuyo estreno debió adelantarse ya que «Canal 13» se quedó sin la televisación de la Copa América. Las obviedades del nuevo programa intentan reciclar evidentemente el viejo éxito de «Poliladron», con la diferencia de que esta vez Suar es policía, por ahora retirado.
En un primer capítulo en donde ya quedó claro que Suar fue drogadicto por su tortuoso pasado familiar, donde ya se explicó que la relación con su hija será difícil de recomponer, y donde se adivina el romance que vivirá con Leticia Bredice, no sorprende que esas historias sean una suerte de bisagra entre las escenas de tiros y acción. En este ciclo también hay figuras resucitadas como Horacio Fontova, primeras actrices como Claribel Medina y un elenco de jóvenes pertenecientes a la usina Suar como Mariano Martínez y Damián De Santo.
En radical contraste con lo anterior, vale la pena destacar el último capítulo de «Culpables», donde se vio un correcto tratamiento del lesbianismo y las fantasías sexuales entre mujeres.Ante la confesión de la hija veinteañera de Susú Pecoraro, quien confía a su madre estar enamorada de una mujer, se suscitaron diferentes líneas de conflicto: la angustia de una madre ante la incertidumbre de que su hija no tenga hijos, el machismo de Alfredo Casero y el sufrimiento de la joven por afrontar el mundo desde su condición sexual.
Pero la cuota de humor estuvo a cargo del siempre impecable Casero, quien debuta en el cable con su soñado programa de cocina, acompañado por una asistente de lujo, Alejandra Radano, la protagonista del musical «Chicago», esta vez vestida con delantal de cocina. Pero Casero no aceptaba la compañía de la coconductora de su programa y se descargó con el productor, quien buscaba explicarle las bondades de una presencia femenina: «Si hubiera necesitado un gato en mi programa, llamaba al Gato Dumas», decía Casero.
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