• El buen recuerdo de «Tumberos» debe haber influido bastante en los 22.7 puntos de rating que obtuvo el pasado jueves en su debut el primer capítulo de «Disputas», la nueva miniserie que Marcelo Tinelli, y su Ideas del Sur le produce al cineasta Adrián Caetano. Como pasó con «Tumberos», aunque cuidadosamente armado, el primer capítulo (titulado «Okupas», sin más motivo que dedicar un guiño a Bruno Stag-naro, codirector de «Pizza, birra y faso»), fue bastante convencional y dio pocas pistas sobre la propuesta de Caetano. Pero sirvió para conocer el perfil de las cinco protagonistas, las razones que las llevaron a prostituirse y, de paso, las virtudes actorales de las actrices que las encarnan.
• Entre todas, la mejor fue Florencia Peña, quien como la llorosa guía de turismo desempleada que termina de «acompañante» para mantener la casa, volvió a mostrarse como una estupenda actriz que está para mucho más que para soportar a Marley en el despropósito vespertino «El show de la tarde». Lo mismo puede decirse de Julieta Ortega (como la madre soltera), pero no de Belén Blanco quien debiera resignar un poco de su «misterio» para que no parezca estar siempre haciendo el mismo personaje, así haga de abogada como de prostituta-cajera de supermercado. Mirta Busnelli convence en el papel de la madama, aunque como siempre aparece algo corrida de registro, y a la bellísima Dolores Fonzi le bastó, por ahora, una perturbadora escena como bailarina de «caño» en un boliche.
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• También debutaron, anteayer, cuatro programas de televisión: a las 11.30 en Canal 9 «Yo soy Panam»; a las 15 en Canal 13 lanzaron «Las chicas de la calle», a las 23 volvieron a Telefé «Los simuladores» y a su término estrenaron «Diario de medianoche». El mejor de los cuatro, «Los simuladores», ofreció el profesionalismo y creatividad de siempre, además de las novedades. Claro que habrían sido más sorprendentes si el canal no hubiera saturado con promociones incansables en todas las tandas. Hasta llegaron a publicitar «Faltan dos horas», como lo hicieron con «Disputas». Claro que semejante promoción funcionó pues este último midió 22.7 puntos de rating, dejando muy por detras a Canal 13 y su «Kaos en la ciudad» (16.4).
• El segundo año de «Los simuladores» apela al conocimiento previo del televidente en relación a la dinámica de trabajo de «Los justicieros de la televisión». Así, se ahorran tiempo para explicar los operativos y en cambio se incluye una brigada «B», que se ocupa de temas menores, para que la «A» se quede con los casos más espectaculares. En el episodio del lunes se las ingeniaron para que una familia de bajos recursos lograra que la prepaga les cubriera una costosa internación, haciéndole creer a uno de los dueños que le otorgarían el Premio Nobel de Medicina por una vieja tesis que había escrito. Lo novedoso radicó en que al término del caso en cuestión y tras el obligado encendido del habano del éxito por parte de D´Elía (al que ahora se suma la pipa de la Brigada «B») reapareció un personaje del año pasado: un tipo idéntico a Rambo a quien «Los simuladores», en uno de los casos, habían envíado a la selva misionera haciéndole creer que participaría de un reality show. • El programa de Laura «Panam» Franco, vedette de teatro de revistas que surgió del programa de Gerardo Sofovich, pretende ser infantil para competir con «Piñón fijo» y está ambientado en una isla. Lo que no se sabe es si se acerca más a la Isla de Gilligan o la «Isla de la tentación» (ese reality donde los amantes muestran sus infidelidades). Concebido para ni-ños pero con una despampanante Panam en su debut como conductora, el ciclo parece aprovechar la transformación del público del mediodía -desempleo mediante-que antes conformaban casi exclusivamente niños y amas de casa. El resultado: un mix incomprensible donde Panam se muestra ingenua pero provocativa, con guión aleccionador, canciones infantiles y bailes sensuales.
• Por lo visto en los dos primeros días de «Las chicas de la calle» (Canal 13), el magazine vespertino con Verónica Lozano y Anita Martínez se copia de los delirios de Florencia Peña y Marley en «El show de la tarde». Histriónicas en exceso, tapándose una a la otra y a los gritos (parece ser la nueva modalidad obligada a la hora de la siesta) el programa no ofrece nada nuevo excepto los sketchs que son, por lejos, lo mejor (hicieron de viejas finas y luego de dos adolescentes callejeros).