19 de noviembre 2003 - 00:00

Avatares de la TV

Uno admite que el periodismo de televisión tiene que ganarse la vida, como Jorge Lanata, pero irrita ver cómo crean pesimismo en la gente sobre el país donde vivimos. Llevan a un ex fiscal como Pablo Lanusse, que nunca se supo bien qué agresiones físicas tuvo por «el caso del oro» (???) y también parientes suyos con tajos en la cara, pero que le reportó cierta fama de «perseguido». El inefable Gustavo Béliz lo lleva a un cargo público. Lanusse es joven, parece inteligente y hasta mesurado pero se deja forzar por Lanata para llegar a decir la barbaridad de que «en casos de secuestro no se debe excarcelar» (y hasta se reproduce la frase en pantalla debajo del fiscal, como un apotegma trascendental que revolucionará la jurisprudencia). Se estaba refiriendo a un cómplice en un secuestro que cumplía prisión domiciliaria cerca de donde vivía el secuestrado. Pese al repudio instantáneo que provoca un secuestrador la gente se enoja frente a la pantalla porque tenía 70 años y no estaba «excarcelado» como dice el funcionario sino que por edad cumplía esa forma de detención que prevé la ley. Que la haya violado y le hayan quitado el privilegio es otra cosa. ¿A qué va un Lanusse a televisión si no define ni transmite nada y lo hacen caer en barrabasadas?
 
•Además Lanusse cumple en TV con su jefe Béliz en ocultar el fracaso del viaje del ministro a Suiza. Menciona la cuenta que Carlos Menem admitió y justificó en su monto (una indemnización por preso del Estado), y otras dos cuentas: una presunta de Ramón Hernández (que cuando la denunció Elisa Carrió se demostró que era nombre falso de la empresa) y otra del invento del «caso armas» o que en el mejor de los casos pertenece a un traficante Palleros (no está a su nombre). Exactamente lo mismo que ya fue denunciado en diarios hace años y los suizos rechazaron. Lo mismo el otro invento de la cuenta de los 10 millones del testigo iraní «C». O sea nada de nada pero se alimenta la demonización de Menem del que deben participar todos los funcionarios, fiscal Lanusse incluido, y desde ya toda la izquierda. Se retroalimentan mutuamente por televisión.

En el mismo programa de «Día D» Lanata -o los productores que él debe incitar-llevan a 4 individuos detenidos por orden de otro fiscal 10 días y luego liberados en relación al secuestro del joven mutilado en un dedo Pablo Belluscio. El obeso conductor los interroga como si fueran víctimas deliberadas de la Policía y detenidos totalmente al azar. Lo dispuso un fiscal pero lo mejor es achacarle siempre todo a policías. Posiblemente son inocentes los detenidos pero uno de los concurrentes al final confiesa su relación con «Lala», el principal acusado del secuestro y prófugo todavía. Es inevitable que sucedan errores cuando se investiga porque una relación hay, como es el prófugo. Si no los detuvieran, aunque sea un tiempo para esclarecer la situación, se llevaría a la televisión a quienes dirían lo contrario: «todos sabían en el barrio quién era Lala y sus cómplices pero la Policía los protegía».
 
•Hay que saber que el principio por el cual se presenta gente a programas como «Día D» u otros es que no les van a hacer preguntas comprometedoras sino que se los invita para que hablen mal de la policía, y eso le gustó y aceptó a la mujer del prófugo «Lala» y a los de «Día D». Entonces van. Menos mal que entre tanta pavada e injustificada presencia televisiva el fiscal y funcionario Lanusse explicó lo difícil que es investigar y probar un secuestro salvo sorprender a los delincuentes cuando tienen aún encerrada a la víctima.

El esquema hoy de un programa de «investigación» en televisión es: a) Buscar mierda. Si la hay bien, si no ponerle levadura a lo que haya «para que levante». 2) Cuidar no lastimar en ningún momento al gobierno actual (esto que lo haga el periodismo escrito, por caso la revista «Noticias» con la nota sobre los negocios de Vittorio Gotti enriqueciéndose en Santa Cruz). 3) En cada nota televisiva «el villano» debe ser un uniformado con total preferencia de que sea un policía, si es bonaerense mejor. 4) De alguna forma siempre la parte mala del hecho hay que vincularla a Carlos Menem, o cuando menos que recaiga culpabilidad en la década del '90. 5) De ninguna manera hay que dejar la impresión, en una nota de investigación en televisión, que puede tratarse de un caso de corrupción aislado, siempre extender todo a instituciones. 6) Los «progres» deben tratar de copar casi todos los programas televisivos en casi todos los canales y cables, incluidos noticieros, aunque sus ratings caigan cada día más.


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