• El sucesor de Marcelo Araujo en «Fútbol de primera», Sebastián Vignolo, supera las calamidades del original (algo que se creía imposible). Repite en exceso los apodos de los jugadores «El loco», por Palermo o Cervera, o «Muñeco», por Gallardo, sin imaginación y falta de lenguaje para el relato. Y lo peor (donde también imita a su maestro) es que a los cinco minutos ya empieza a decir «faltan 40 minutos para que termine el encuentro», costumbre que parece revelar odio por el fútbol (es como aquellos espectadores de cine que empiezan a mirar en la oscuridad la hora). Claro, un relator no hace un programa: esta nueva edición de «Fútbol de primera» sigue siendo lo más visto de los domingos (18.5) y se apoya sobre todo en la buena edición y síntesis.
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• Una pena que el hallazgo de lectura de labios a funcionarios, deportistas y actores, en el programa de Nicolás Repetto, peligre por la intérprete de lenguaje de señas que cada domingo confunde el discurso (o, al menos, la culpan por ello). La última víctima fue Daniel Filmus, a quien le leyeron los labios durante un acto político junto a Néstor Kirchner, donde presentaban el plan de distribución de computadoras a escuelas de frontera. En «Dominico» dedujeron que Kirchner le comentaba a Filmus «Varias computadoras no funcionan» a lo que el ministro supuestamente respondía «Son 8 mil, pero ya lo vamos a solucionar». Al día siguiente, Filmus negó haber hecho semejante comentario y explicó: «Kirchner me preguntó cuántas computadoras se habían repartido en los años 90 y yo le dije que eran 8 mil. Para inventar semejante disparate de que 8 mil máquinas no funcionan, Repetto debería haberme consultado. Además, es imposible afirmar si funcionan o no porque de hecho ni siquiera están todas las unidades disponibles. Se van enviando paulatinamente, con una entrega que realiza el Ejército, pues se trata de escuelas de difícil acceso».
• Dan pena los programas de entreteniminetos estilo «100 argentinos dicen» o «Doce corazones» en «Canal 13» o los nocturnos «Clase X» o «Call TV» que sólo buscan la ganancia vía llamados telefónicos, a los que se sumó ahora «Buena fortuna» en las tardes de «Telefé». Por lo visto en el primer capítulo del ciclo con Julián Weich, se mantiene la premisa del negocio, pues se trata de un gran bingo del cual no sólo participan los presentes en el estudio sino que incentiva al juego desde los lucrativos 0600 y los cartones que se compran en agencias de juego. El premio mayor llega al medio millón de pesos pero rara vez se gana; en cambio, se ofrecen nada despreciables 128 mil pesos en el caso de no alzarse con el pozo máximo. Como todo en la pantalla chica, «Buena fortuna» es un negocio disfrazado de programa de televisión.
• El «Top five» de «Caiga quien caiga» exhibió a la perfección la decadencia de la televisión argentina. En el quinto puesto mostraban el escándalo de Florencia de la V en «América», cuando ingresó desaforada y a los insultos buscando a la troupe de «Intrusos» por dichos sobre su pareja. La presentación de Pergolini fue lo mejor de ese archivo: «Cuando se mide 30 puntos de rating nos bancamos cualquier cosa, pero cuando se mide 10 las susceptibilidades aumentan». El primer lugar del ranking lo ocupó el decadente show de Marcelo Tinelli «30 segundos de fama» (dentro de « Showmatch»), donde premiaron con 3 mil pesos a un pobre hombre que durante medio minuto reprodujo a los gritos sirenas de policía, de bomberos, bocinas, etc.
• La televisión atraviesa su peor momento en cuanto a imágenes de puro sexo, desnudos y lenguaje soez. En el programa de Marley, «Por el mundo», donde viajó con Florencia Peña a Las Vegas, no se pudo sacar en limpio ni una sola frase de la actriz libre de insultos, pronunciadas entre sus habituales risotadas. Para peor, Peña se creía «piola» entre los norteamericanos, pues no la comprendían.
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