3 de agosto 2007 - 00:00

Avatares de la TV

Jorge Rial
Jorge Rial
  • La Argentina «tumbera» dio ganador al ex presidiario Diego Leonardi con 1.088.942 votos, «tantos que podrías ser gobernador de una provincia», se entusiasmó Jorge Rial. Leonardi surgió del «Gran hermano» anterior y perdió, pero «Telefé» lo creyó lo suficientemente «famoso» como para formar parte de esta edición. Lo llamaron de urgencia tras el éxodo de Luis Vadalá, se incorporó más tarde, soportó menos tiempo a sus cohabitantes y ganó. La condena por robo que había cumplido en la cárcel Leonardi (y su carácter), lo volvieron antipático para una gran mayoría del público, pero evidentemente más simpático que los otros «famosos» de la casa. Tanto que el segundo lugar fue para Jaqueline Dutrá que sacó sólo 239.036 votos (800 mil menos que Leonardi) y el tercer puesto fue para Lissa Vera, con 135.925 votos. Como se ve, los televidentes parecen confiar más en un ex convicto que en la decena de aspirantes a estrellas que colmaron este penoso encierro televisado.

  • Con el habitual suspenso y solemnidad que siempre busca imprimir a su discurso, Jorge Rial dilató al máximo el resultado final mientras la cámara alternaba entre Lissa Vera en llanto permanente tras haber quedado tercera, Jaqueline Dutrá esperanzada en ganarle a Leonardi, abrazada a su oso de peluche, y el mismo Rial solicitando un vaso de agua para hacer tiempo. El objetivo del «suspense» era claro: que aquel que hiciera zapping y viera los momentos decisivos se quedara más tiempo en la final de «Gran hermano» y elevara el rating. Pero con el minuto a minuto en mano, Rial exageró, una vez más: «Seis millones de personas son testigos de este final» lo que hubiera sido 60 puntos de rating. Pero el promedio al día siguiente, según Ibope, arrojó 28.4 con un pico de 35.8. Rial aprovechó para anunciar que el miércoles 8 comienza «Gran hermano 5», lo que haría que «Canal 13» programara el debut de « Patinando por un sueño» de Marcelo Tinelli.

  • Cuando Rial gritó el nombre del ganador, el rating comenzó a caer. Influyó seguramente el tedio, más una entrega de premios que sigue resultando escasa al lado de los 3 millones de pesos que facturó «Telefé» vía llamados al 0609 (3 pesos más IVA) y al *3000 de los celulares, a 1.20 el minuto. Tres millones de pesos sin contar la publicidad de tanda y el PNT. El ganador Leonardi obtuvo 66.666 pesos (66% de los 100 mil pesos, pues ingresó más tarde y soportó menos) un auto 0km, un reloj y 2.000 pesos en ropa deportiva. En los sitios de Internet varios calificaban de «injusto» el premio para alguien que perdió el «Gran hermano» anterior y convivió mucho menos tiempo que el resto. Quizá sea justamente por eso que haya logrado aguantar y ganar. En cambio Dutrá y Vera, que estuvieron desde el principio, ganaron 22.222 pesos y 11.111 pesos respectivamente, más motos, relojes y ropa. Al día siguiente Leonardi confesaba que no había imaginado nunca ganar el reality «pero me cambió la vida para siempre». Vale decir, más que la cárcel auténtica.

  • En «Canal 13», Andy Kusnetzoff se paseaba en coche con un ex «Gran hermano famosos», Jorge «Roña» Castro, gracias a que los supuestos famosos no han firmado exclusividad con «Telefé» como habían hecho los anónimos, pues deben estar disponibles ante las potenciales ofertas de trabajo (hasta ahora consistieron en girar por programas de chismes) En «Argentinos por su nombre», Kusnetzoff terminó su « rotation» nocturna haciendo lo mismo que en su programa de radio: buscando artilugios para salvar a sus « amigos»: en el caso de la radio los oyentes que llaman, en el caso de la TV, simples transeúntes porteños. En San Telmo la policía quería llevar detenidos a menores sin documentos y el conductor les prestaba el celular para que llamaran a sus casas y pidieran ayuda. Hasta intentó dilatar el operativo policial apagando la luz de la cámara para entorpecer la lectura de derechos y corrió a comprarle pizza a los oficiales. Pero la terminó comiendo, parado en una esquina. con otros noctámbulos   

  • Los conductores de «La liga» ya parecen habitués de la Villa 31 y las casas tomadas. Si bien conmueven los relatos sinceros de quienes viven en permanente alerta por el miedo al desalojo o inmigrantes universitarios que viven hacinados, irrita el tono de «cuentito» de María Julia Olivan, Ronnie Arias y compañía, que insisten en realizar sus «expediciones» pero no ofrecen nunca el costado reparatorio. No deja de ser un mero muestrario morboso de calamidades. Si bien no es función de un programa de TV aportar soluciones ¿cuál es entonces el sentido último de la «denuncia» televisada?. En «CQC» la producción suele exigir soluciones a las autoridades y regresa al tiempo para constatar que los funcionarios hubieran cumplido con lo prometido. Presionan con la cámara y terminan logrando mejorar -en algo- el calvario de sus entrevistados. Pero en «La liga» sólo exprimen a sus interlocutores deshechos para sacarles lágrimas.
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