5 de septiembre 2003 - 00:00

Bedia invita a un mundo fascinante

H acia fines de los '70, aires renovadores conmocionaron el ambiente artístico cubano debido a una cierta apertura hacia el mundo que permitió acceder a espacios hasta entonces inéditos de la cultura popular, como, por ejemplo, el mundo de las religiones afrocubanas. Aparece en escena José Bedia, nacido en 1959 en La Habana, donde se graduó en la Escuela de Arte de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte. En 1991 emigró a México y en 1993 a Miami donde vive y trabaja.

Artista internacionalmente reconocido, sus obras figuran en los más importantes museos de Estados Unidos, Canadá, Alemania, México. Expuso por primera vez en Buenos Aires en la Galería Der Brücke en 1996 y entonces señalamos la atmósfera de brujería, de religiosidad, la relación entre animales, espíritus y humanos imperante en su obra, ya que José Bedia pertenece a Palo Monte, una religión de la diáspora africana, originada en el Congo y también ha vivido con los Sioux de Dakota.

En su actual muestra en el Centro Cultural Recoleta, Bedia vuelve con esta simbología tan acendrada en su cultura en la que la lengua castellana se mezcla con los términos africanos. Ejemplos de éstos aparecen en un caldero ritual, obra de 1999, acrílico sobre tela, una síntesis del universo a través de «mbua» (cráneo de perro), «chamba y malafo» (botella), «mbele» (machete), «nkili» (fuelle), «fiongo» (yunque), acompañan gráficamente al esquemático y refinado dibujo.

De gran contenido, comprometida, ligada al exilio o al viaje a ninguna parte, una de las obras describe a un hombrecito, apenas una delgada línea que sólo lleva en sus manos sus objetos religiosos antes de enfrentarse a la casi segura muerte. Conmovedora y también metafórica es «No puedo retenerte más». El vuelo del pájaro hacia la libertad en el contexto de un cosmos surcado de constelaciones donde aparecen recurrentes imágenes: seres humanos con cabeza de animal o viceversa, en la creencia de los indios mesoamericanos de que cada ser humano tiene su contrapartida en el reino animal. Estos seres, hombres o animales, muchas veces aparecen tanto como víctimas o como agresores.

La obra principal de esta instalación tiene como soporte la pared e invade el espacio del contemplador con su perspectiva invertida. Un hombre perro que muestra su interior, una intrincada red de circunvalaciones, las cadenas que lo unen a otro perro empaquetado que a su vez, arrastra el caldero. Simbología compleja, no muy fácil de detectar pero que arrastra un acto de fe que está en la esencia de su ser y de su quehacer artístico. Otras obras aluden a la guerra, a la búsqueda de la salida, a dejarse llevar por las corrientes dominantes, al poder que rige los mares y al que no se puede desafiar, a la casi imposibilidad de lograr lo que se pide.

Cargada de contenido, abierta a la interpretación, fascinante porque nos permite ingresar en un mundo que logra apartarnos de la cotidianeidad, y como toda obra de arte, contenedora de un secreto. Clausura a fines de septiembre.

  
Gerardo Wohlgemuth (1960) se formó dentro del movimiento constructivista americano en el taller de Adrián Dorado y posteriormente en el de Hugo Padeletti. Es quizás bajo la influencia de este artista que inicia una tarea de despojamiento, característica de su actual exposición de esculturas en Galería Principium (Esmeralda 1357). Destacamos las piezas de menor tamaño como «Introspección» en la que el trabajo con óxido con transparencia le da una sutil vibración cromática. También «Ho-To», relieve y dibujo con chapa soldada, por sus grafismos y costuras. «Tótem, Tótem sedente» y «Vacío lleno», funcionan como conjunto y el trabajo de la superficie del hierro adquiere una visibilidad pétrea.

En cuanto a las obras totémicas tituladas
«Puertas del vacío I y II», pierden su carácter sacral por su inclinación, en este caso, algo forzada y su excesivo despojamiento, quizás demasiado racional. Las bases blancas elegidas conspiran con la representación del vacío, idea madre de esta serie. De todas maneras, ante tanto exceso y polución visual, es reconfortante la búsqueda de síntesis y ascetismo de la forma que Wohlgemuth propone. Clausura el 6 de septiembre.

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