22 de enero 2002 - 00:00
Bellas Artes expone obras de Miguel Roca
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La Biblioteca Jesuitica del Museo Universitario de Córdoba recuperada por Miguel Roca
Roca rescata el estado primigenio del muro y en él puede leerse la historia de su construcción, siguiendo las intervenciones de Plecnik en Praga o de Jordi Garcés en el Barrio Gótico de Barcelona (las mostró hace tres semanas en la Bienal de Buenos Aires). Lo original no es la actitud sino la atmósfera y la calidad final.
La Facultad de Derecho fue premiada en la Bienal de San Pablo 2000, en sus dos etapas: la primera, que rescató y puso en valor la vieja Casa Cabezón; y la última que toma la vieja Droguería Bulasio en la calle Independencia. En las aulas perpendiculares al Pasaje en Planta Baja, logra una verdadera obra minimalista. La conjunción de vidrio, aluminio y piedra, genera una atmósfera única de diálogo entre modernidad y tradición. Estas obras están a la altura de las mejores propuestas de restauración de Europa y han sido reconocidas en numerosas publicaciones internacionales.
Esta labor ha sido completada en la Ciudad Universitaria, con la Escuela de Ciencias de la Información, y la Escuela de Artes, funcional y expresiva, con sus galpones fuertes como dise-ño y económicos en recursos. También es importante destacar el Auditorio de la Facultad de Psicología, en cuya cubierta ha realizado un excelente manejo de la luz natural.
Si bien Roca dialoga con los directores de Escuelas y Departamentos, que fijaron los programas, sus obras son en todo momento, respetuosas del usuarioestudiante. Las Facultades de Ciencias Económicas, Odontología y las Escuelas de Medicina ponen en evidencia el trabajo de un arquitecto racionalista, que estructura un texto de la Ciudad Universitaria, donde el verde termina de articular lo nuevo con lo viejo (1950-65).
Varios miles de nuevos árboles armonizan el paisaje natural y lo construido en una composición global: naturaleza, arquitectura, patrimonio edilicio y nuevas obras. Con sus obras de rescate del Centro Histórico y su trabajo generador de tejido urbano en la Ciudad Universitaria, Roca completa un fecundo periplo. Para él, la ciudad es una sola y debe ser recobrada, a fin de devolver su asentamiento a la «sociedad urbana», extraviada «en la marginalidad y la segregación».
Roca hace suyo el tema del «derecho a la ciudad», sancionado por sociólogos y filósofos, en la década del '60. Pero en verdad, fueron los poetas y los artistas, en el siglo XIX, quienes iniciaron el discurso que iba a desembocar en el «derecho a la ciudad». Ya Spengler alerta («La decadencia de Occidente»), el estudio donde enhebra estas consideraciones, fue publicado entre 1918 y 1922) acerca del desmesurado crecimiento urbano, en especial de lo que denomina «ciudades mundiales», epílogo del desarrollo de los centros urbanos. Es que así, el hombre «cae prisionero de su propia creación, la ciudad y se convierte entonces en su criatura, en su órgano ejecutor y, finalmente, en su víctima».
La arquitectura del argentino Miguel Angel Roca, quien ve en la ciudad el paradigma de la vida humana y quiere rescatarla entre las tergiversaciones y los daños a las cuales ha sido sometido, coincide con la metáfora de Witt-genstein: busca, por eso, que el lenguaje de la ciudad se integre su habitante, que se humanice, armonizando las pluralidades y pluralizando las armonías.

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