4 de octubre 2004 - 00:00

Bellas "Travesías" de Wainrot

Silvina Cortés y Leandro Tolosa abren el nuevo ballet de Mauricio Wainrot; luego se suma toda la compañía del San Martín, ratificando que está en su mejor momento.
Silvina Cortés y Leandro Tolosa abren el nuevo ballet de Mauricio Wainrot; luego se suma toda la compañía del San Martín, ratificando que está en su mejor momento.
«Travesías». Coreog.: M. Wainrot. Mús.: G. Kancheli, D. Yvanov-Yanovsky, N. Petrov, Ch. Alberstein, M. Danna, E. Regina, T. Jobim. U. Ramos y otros. Esc. y vest.: C. Gallardo. Luces: E. Sirlin. Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, sábados y domingos.

La pareja humana es el punto de partida del nuevo ballet de Mauricio Wainrot para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, quizá la compañía de danza más trascendente con que cuenta el país hoy. «Fin de a dos», la secuencia inicial, muestra una escena despojada y de sobrecogedora amplitud, donde un dúo de Silvina Cortés y Leandro Tolosa explica a partir del movimiento el encuentro sexual de hálito universal en un ámbito abstracto.

La música de Giya Kancheli («Nigth Prayers») con su sequedad moviliza rítmicamente lo sagrado y ceremonial de estos dos íconos de alcances antropológicos pero también de ecos bíblicos. Luego se suman catorce secuencias más (siete y siete). Justamente en el número siete aparece «Lacrymosa», con música de Dmitri Yvanov-Yanovsky. Este pasaje de potente dramatismo alude a seres que viven una situación desesperada rodeados por la presencia circular de la muerte. La ropa diseminada por el piso habla metafóricamente de los ausentes, ahora sólo trastos sin carne, sin alma, sin espíritu.

• Etnico

Lo de antes y después entra en la categoría de la expansión étnica. Cada pueblo, con sus características particulares, con sus creencias y urgencias, se muestra con dinámicas confluyentes o contrastantes según los casos, aunque la pareja inicial perdura multiplicada. Ahí se produce la indagación recurrente en el discurso conceptual de Wainrot: los grupos enfrentados por sexo que terminan acoplados en la búsqueda de amor y urgencias afectivas comunes, como en «La consagración de la primavera», «Carmina Burana» o «El Mesías», obras anteriores que han ubicado a este artista en lo más alto de la pirámide de la creación coreográfica nacional por la originalidad de sus movimientos, por la refinada manifestación de lo íntimo, por la amalgama de sentimientos que devienen de la confrontación.

Si los diseños coreográficos del director de la compañía del San Martín no tienen casi parangón en nuestro medio dancístico tampoco lo tienen los bailarines que la integran. Más allá de la asombrosa capacidad física de todos, está la técnica depuradísima de cada uno para cumplir su rol. El entorno plástico con que Wainrot envuelve cada uno de sus opus coadyuva al triunfo de una danza que habla a través -también-de la escenografía y el vestuario en total acorde con las propuestas de Carlos Gallardo, y la iluminación de Eli Sirlin, que capta la densidad del momento dramático como lo flotante de la atmósfera vital.

En
«Travesías» la alusión al vuelo, a lo marino, al recorrido de distancias que van de Oriente a Occidente, está en íntima relación con la música: del Brasil de Elis Regina y Tom Jobim al altiplano de Uña Ramos y la diversidad folklórica de otras anómimas. De esa amalgama de elementos resulta una obra lúcida y poética que emociona.

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