Orquesta Sinfónica Nacional. Dir.: Pedro Ignacio Calderón. Solistas: Eduardo Alfonso (piano) y Susana Caligaris (soprano). Obras de J.M. Castro, F. Chopin y A. Ginastera. (Auditorio de Belgrano.)
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E l efecto «Bomarzo» y la celebración del 20° aniversario del fallecimiento de Alberto Ginastera impulsaron la exhumación de buena parte de su obra, que se escuchó en sendos homenajes y conciertos de cámara, y en en el último concierto de la Sinfónica Nacional se ejecutaron dos importantes producciones sinfónicas.
Una de ellas está inspirada en las atormentadas cartas que se escribieron Franz Kafka y Milena Jesenska, que el compositor volcó en su «Cantata dramática N° 3 Op. 37» para gran orquesta y soprano solista. En este caso, Susana Caligaris «dijo» algunas cartas con gran convicción teatral y clara dicción, y en los fragmentos cantados afloró una intensa vena dramática. Ginastera envuelve estos textos en una música trágica y laberíntica de poderoso atractivo, y hasta se permite una cita del final del «Viaje de Invierno» de Schubert, lo que aumenta la intensidad trágica y emotiva de la partitura.
Con muy buen criterio se programó a continuación la «Obertura Jubilum», celebración Sinfónica Op. 51, que exhibe grandeza de ideas y una exuberante instrumentación, imagen positivista de un argentino exitoso y orgulloso. Muy bien los sinfónicos ante las indicaciones siempre precisas del experimentado Pedro Ignacio Calderón.
La velada se había iniciado con la «Obertura para una ópera cómica» de José María Castro, que se escucha con agrado, y donde también se percibe cierta complejidad de orquestación que fue debidamente atendida.
El pianista uruguayo Eduardo Alfonso fue el solista en el «Concierto N° 1 en Mi Menor Op. 11» de Frederic Chopin; lo tocó con buen gusto y elegancia, sonido robusto y romanticismo genuino sin edulcorante.
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