3 de octubre 2005 - 00:00

Biodrama: representar a los chicos, sin clichés

Ciro Zorzoli:«El fin deesta obra esderribar losmuchoslugarescomunescon los quelos adultossuelenrepresentaren teatro eluniversoinfantil».
Ciro Zorzoli: «El fin de esta obra es derribar los muchos lugares comunes con los que los adultos suelen representar en teatro el universo infantil».
El director Ciro Zorzoli estrenará el próximo 21 de octubre una nueva obra del Proyecto «Biodrama», en la que se propone evocar la vida de un niño de 9 años. Este ciclo de experimentación teatral -iniciado en 2002, a instancias de la directora Vivi Tellas- tiene como premisa llevar a escena la vida de un argentino vivo. Con «El niño cuestión», Zorzoli parece haber redoblado la apuesta, ya que pondrá a trabajar a un elenco profesional (integrado por María Merlino, Paola Barrientos, Diego Velázquez y Javier Lorenzo) con niños de 9 a 11 años casi sin experiencia actoral.

Ellos son Valentino Alonso, Nicolás Rodríguez Ciotti, Kevin Melnizky y Lucas Kroure, quienes irán rotando de jueves a domingo, en cada una de las funciones que tendrán lugar en el Teatro Sarmiento.

Reconocido en el ambiente teatral como uno de los directores más creativos del circuito independiente, Zorzoli ya ha llevado algunas de sus obras a distintos festivales internacionales. Tal el caso de «Ars higienica», que este mes participará del XX Festival Iberoamericano de Cádiz, en España. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Buscó un niño en particular para crear esta obra?

Ciro Zorzoli: Hay un niño real de nueve años con el que tuve unos pocos encuentros, pero después el material se fue abriendo hacia otros lados. A mí me pareció más interesante pensar que ese chico era el motor que ponía en juego la pregunta que plantea el biodrama, de si es posible llevar una vida real a escena o si ésta va a convertirse irremediablemente en ficción.


P.:
¿De qué le sirvió conocer a ese chico si no va a utilizar puntualmente su biografía?

C.Z.: Para movilizar el trabajo con los actores y ver qué resonancias generaba este chico en cada uno de nosotros. Y eso es tan importante como lo que esa persona es en sí misma. En realidad este biodrama se ocupa de ver si es posible contar la vida de este chico en escena.


P.:
¿Es difícil exponer teatralmente el mundo de un niño?

C.Z.: Es como una división de planetas. El chico está en un planeta que el adulto ya abandonó y por lo tanto hay cosas que ya no puede comprender. Pero creo que si uno se afloja lo suficiente puede llegar a acceder a determinados lugares que tienen que ver con la infancia. Hay ciertas zonas que permanecen latentes, como por ejemplo este impulso de jugar que tienen todos los actores.


P.:
Hay muchos clichés respecto a la infancia.

C.Z.: Sí, y en definitiva son un invento de los adultos que construyen un mundo con lo que significa ser niño. Hay todo un espacio preconcebido hasta el último detalle porque para los adultos el mundo de un niño es algo demasiado convulso, no pueden comprenderlo y eso los pone frente a un abismo. En el niño hay un nivel de fragilidad y de vulnerabilidad muy grande y eso, en general, conmueve al adulto porque los niños son personas en plena construcción. Eso es muy movilizante.


P.:
¿Qué temas aparecen en la obra?

C.Z.: Prefiero no hablar de lo que sucederá en escena. Digamos que me interesó hacer hincapié en cosas que pueden parecer muy sencillas, como saludar o entrar a un cuarto que está oscuro, y decidí poner una lupa de gran aumento sobre este tipo de situaciones. A partir de ahí empezaron a aparecer un montón de cosas que ya no tienen que ver con la mirada del adulto sino con algo mucho más difícil, como pensar qué cosas se le ponen en juego al niño en esos momentos.


P.:
¿Hay escenas familiares?

C.Z.: No quise contar la historia en términos de acá está el papá, la mamá o la tía. Prefiero que esos pequeños fragmentos de la vida de un niño que se pueden ver obliguen al público a tener que imaginarse -desde su propia historia- todo aquello que no está viendo.


P.:
¿Los actores no ocupan papeles parentales?

C.Z.: Los actores juegan con la función paterna y materna, pero no cumplen papeles fijos. En realidad, se ocupan de ver -con ese niño que tienen en el escenario- de qué manera logran que aparezca ese otro niño real que inspiró este biodrama. Quizás este espectáculo no sea otra cosa que el gran intento de evocarlo, de hacer aparecer aquel niño de la manera más real posible.


P.:
¿Ya empezó a ensayar con los niños seleccionados?

C.Z.: Hace poco tuvimos el primer ensayo con ellos y fue muy revelador. Los actores quedaron muy movilizados y ahora tienen que resolver desde dónde poder trabajar con un niño en un escenario. Hasta ahora habíamos trabajado con un muñeco.


P.:
¿Le preocupa el cuidado de estos chicos?

C.Z.: Ese tema estuvo controlado desde el primer momento, porque estoy trabajando con Guillermo Cacace, que además de director teatral es psicopedagogo. El principal problema fue ver desde qué lugar se podía trabajar con niños, porque uno tiende a aniñarse cuando tiene que comunicarse con ellos porque los ve demasiado frágiles
.

P.:
¿Cómo va a hacer para que estos chicos no pierdan espontaneidad con el correr de las funciones?

C.Z.: Estamos a tres o cuatro semanas del estreno, supongo que iremos encontrando una mecánica que nos permita a través de pequeñas variantes corrernos internamente de lo previsible. Tiene que aparecer algo nuevo en cada función. Estos chicos no tienen que actuar, queremos mantenerlos en una situación de juego. Es inquietante trabajar con chicos. Este trabajo nos permitió dejar atrás la categoría «niños» para encontrarnos con cuatro seres humanos.


Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario

Te puede interesar