2 de agosto 2002 - 00:00

"Blade 2": para fans de carnicerías vampíricas

Wesley Snipes como Blade
Wesley Snipes como Blade
«Blade 2: el cazavampiros» (id., EE.UU., 2002; habl. en inglés). Dir.: G. del Toro. Int.: W. Snipes, K. Kristofferson, R. Perlman, L. Varela y otros.

P
ara un vampiro no hay nada peor que otro vampiro. En «Blade 2» se verifica algo más grave que un problema de competencia en el mercado del sanguíneo usado. Una nueva especie ha aparecido sobre la tierra, en Praga más precisamente (allí donde es tan barato filmar): los «Reapers», que son algo así como vampiros que atacan vampiros para terminar con ellos y establecer su propio reino.

Paradójicamente, para el policía afroamericano y cazavampiros Blade ( Wesley Snipes), aquel principio cínico que indica que «el enemigo de mi enemigo es mi amigo» carece de valor. Tal vez haya visto «Cabaret» y recuerde lo que decía el ingenuo Helmut Griem en una pradera de Munich: «Los nazis son útiles para liberarnos de los comunistas. Después nos sacaremos fácilmente de encima a los nazis».

Blade
va más allá todavía y (un ingenuo más), hasta se alía tácticamente con los comunistas, es decir, con los vampiros, para combatir a los Reapers, batalla tras la que terminará desenmascarando, no sin desilusión, unos cuantos traidores. Si no se puede confiar en los humanos, qué decir de los hemoadictos. Hay que convenir con él, sin embargo, en que una alianza así resulta más tentadora: la vampira hispana Nyssa está muchísimo mejor que el Reaper Nomak, un energúmeno que abre la boca con un diámetro mayor al de una carpa, y de allí le brotan protuberancias carnosas, gusanos, aguijones y todo tipo de fluidos viscosos. Sería un papelón en la mesa de la condesa de Chikoff; en cambio Drácula, con esa capa, con ese señorío victoriano, daba gusto. Los tiempos cambian, hasta para los seres atemporales.

«Blade 2»
tiene su público fiel, compuesto mayormente por adolescentes (y adultos un poquitín patéticos) que gozan cada una de las gotas de sangre, cada colmillazo, cada una de las carnicerías de las que hay en abundancia. También están los que elogian, en las escenas de ultraviolencia, la «coreografía» de las peleas. En fin, a quienes disfrutan con este tipo de placeres es inútil recomendarles a Nureyev.

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