29 de mayo 2003 - 00:00

Bob Hope, un pionero de los cómicos de hoy, cumple 100

Bob Hope, un pionero de los cómicos de hoy, cumple 100
Debe ser cierto, nomás, que el buen humor, la familia estable y el juego de golf alargan la vida, porque hoy Bob Hope cumple cien años. En el ambiente del espectáculo pocos lo han igualado. Entre ellos, el músico Irving Berlin, Hal Roach, creador del Gordo y el Flaco y otros cuantos personajes cómicos del cine mudo, que llegó a los 103; el productor Adolph Zukor (cuya autobiografía se titula «El público nunca se equivoca»), y Leni Riefenstahl, que también fue deportista y en agosto ya cumplirá 101.

A lo largo de su tan larga vida Bob Hope (algo así como Beto Esperanza), fue algo así como el rey de las funciones de beneficencia, las giras de buena voluntad, las visitas de cortesía, y hasta las navidades pasadas fuera de casa, en hospitales o guarniciones militares. Soldados de tres generaciones y otras tantas guerras, la Segunda, Corea, y Vietnam, recibieron alborozados su aparición.

Del Londres bajo las bombas hasta Guadalcanal, de Alaska a las Azores y Africa del Norte, por todas partes anduvo haciendo reír a quienes estaban lejos de sus casas. Curiosamente, este héroe de la comicidad popular norteamericana, al que tanto le deben Woody Allen y Robin Williams, nació en Inglaterra. Para ser mas exactos, en Eltham, un villorio de Surrey, el 29 de mayo de 1903, quinto de siete hermanos, y bajo el apelativo de Leslie Towne Hope. Igual, tenía apenas cuatro años cuando la familia entera emigró, primero a Cleveland, luego a Ohio, de modo que su formación ha sido básicamente norteamericana.

Y de nuevo, para ser más exactos, en la calle norteamericana: dicen que de chico se ganaba el pasaje en tranvía cantando todo el viaje en el pasillo. Y que el primer premio que ganó en un escenario fue en un club de barrio de dudosa catadura, por la mejor imitación infantil de Carlitos Chaplin, otro inglés callejero.

El niño quería ser cantante, pero un día, en plena actuación familiar, le empezó a cambiar la voz. Salió del mal trance con un chiste, y ahí nació el cómico.

Hope
fue menos fiestero. En 1932 conoció a una cantante de nightclubs, Dolores Reade, a los seis meses se casaron, y así siguieron, toda la vida, y tuvieron cuatro hijos (dos de ellos, adoptivos): Linda, Tony y los mellizos Nora y Kelly. También en los '30 se fogueó en el vodevil, la radio, las Ziegfield Follies, y los cortos de la Universal, hasta pasar a los largos con una cinta, «The Big Broadcast of 1938», donde, entre otras muchas, aparecía una apetecible jovencita, Dorothy Lamour. En 1940 ambos coincidieron nuevamente, pero esta vez formando trío con el cantante del momento, el crooner Bing Crosby. Así nació el disparate cómico-musical «Camino a Singapur», al que siguieron los «Camino a ...» Zanzíbar, Marruecos, Utopía, Rio y Bali, amen del «Variety Girl», donde los acompañaba buena parte del elenco Paramount.

Sin dudas, eran uno de los soportes económicos mas seguros de la empresa. Entre 1941 y 1953,
Hope figuró todos los años entre los diez primeros del ranking de los artistas mas taquilleros, «the money making stars» que organizaba -y todavía organiza-el «Motion Picture Herald». Y en dos oportunidades, 1944 y 1949, incluso encabezó la lista, en ambos casos con películas que lo tenían como protagonista exclusivo. Crosby lo cargaba igual, porque casi siempre hacía un cameo para el amigo. De hecho, hasta la imposición de Frank Sinatra el cantante más popular de Norteamérica era Bing Crosby, así como la dupla más popular era Hope-Crosby.

Sólo a mediados de los '50 pudieron hacerles sombra sus seguidores Jerry Lewis (con un estilo exacerbado) y Dean Martin. Hope no se hizo problemas. Simplemente, hizo su propio show televisivo. Y, dentro del cine, agregó ocasionales acentos de relativo dramatismo, y una pequeña cumbre, ya en 1962: «Critic's Choice», de Don Weis, tal vez su mejor trabajo, aunque el público siga mencionando los «Camino...», «El carapálida», y «El hijo del carapálida». Nunca ganó un Oscar, pero sí un premio Jean Hersholt en 1959 por labores humanitarias, y un lugar memorable como conductor de la entrega de las estatuillas, hasta que en 1978 debió reemplazarlo Johnny Carson, más sofisticado y diplomático frente a los ganadores que reflejaban Vietnam a través de «El francotirador» y «Regreso sin gloria».

Este detalle, y sus ya 75 años, no significaron para
Hope el ocaso de nada. Al contrario, siguió como siempre, y, como siempre desde Franklin Delano Roosevelt, cada nuevo presidente tiene el orgullo de invitarlo a la Casa Blanca. Este año, con más gusto que nunca. En su haber tiene, por el momento, 55 películas, más de 300 shows televisivos, años y años de radio y espectáculos teatrales, siete libros («I never left home», «So this is Peace», etc.), una columna periodística, y unos cuantos torneos de golf.

Bob Hope
visitó la Argentina, con su esposa e hijos, entre el 29 de junio y el 6 de julio de 1947, publicitando una película de época en la que Paramount había fijado vanas esperanzas: «Monsieur Beaucaire». Sin embargo, su visita fue menos convocante de lo esperado, ya que en ese mismo momento también estaban en Buenos Aires el maestro Arturo Rubinstein, Jorge Negrete y Arturo de Córdova, y acabada de irse el director Rouben Mamoulian, luego de un sonoro agasajo de la colectividad armenia en el Salón des Ambassadeurs. De su paso por el país sólo quedan el recuerdo de un saludo al público argentino desde los micrófonos de Radio Splendid (programa «La marcha del cine», de Jorge Rey, alias King, y José Luis), y sus elogios a Fanny Navarro, a quien vio en el Smart el viernes 4, protagonizando la versión criolla de «Nacida ayer».

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