«El jardín de la alegría» («Saving Grace», Gran Bretaña, 2000, habl. en inglés). Dir.: N. Cole. Guión: C. Ferguson y M. Crowdy. Int.: B. Blethyn, C. Ferguson, M. Clunes, T. Karyo, J. Foreman, B. Bailey.
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La actuación de Brenda Blethyn es la razón fundamental para ver esta comedia. Se la disfruta desde el principio, cuando Grace Trevethan, la delicada dama que interpreta, corta temblorosamente la orquídea que luego portará, compungida, al frente del cortejo fúnebre de su marido.
La soberbia actriz de «Secretos y mentiras» (a quien después se vio diferenciar con los matices justos el mismo tipo de mujer grosera en «Vocecita») encarna ahora a una ingenua señora pueblerina certeramente bajada de las nubes por una repentina viudez que dará paso a otras malas noticias.
Prácticamente en el velorio, Grace empieza a enterarse de que su marido no sólo era un adúltero pertinaz, sino que, además, la estaba dejando en la calle. De su velocidad de reacción depende evitar que, tras los sillones de estilo y la cortadora de césped, su casa siglo XVIII vaya a parar también a manos de los acreedores.
Mientras ella desespera -por supuesto, sin perder jamás la compostura-, el espectador va conociendo a la gente de su lindísimo y dulce pueblito (parecido a los de otras comedias inglesas estilo «El divino Ned», donde no corre aquello de infierno grande): el médico, el jefe de policía, el cura y otros.
Toda es gente buena, incluyendo aquella que gusta de fumar algo más que tabaco, como por ejemplo el jardinero de Grace ( Craig Ferguson, adecuado coprotagonista, además de coautor del guión de la película) que hasta tiene una modesta plantación de marihuana para su uso personal. De ahí a que Grace cambie las orquídeas de su invernadero por esas plantitas más rentables y a los enredos que esta decisión provoca, hay pocos pasos.
Más allá del cambio de registro -que se imponía- cuando la protagonista alterna en Londres con dealers de pacotilla tratando de vender su producción non sancta, el realizador debutante Nigel Cole no se muestra como un innovador cinematográfico, pero sí como un sólido director de actores. Todos juegan muy bien sus, al fin y al cabo, sólo simpáticos estereotipos, pero es la estupenda Blethyn quien aprovecha cada fibra de su personaje como para conmover al mismo tiempo que arranca carcajadas.
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