El Ballet Estable del Colón, liderado por Karina Olmedo y Alejandro Parente en los papeles protagónicos, brinda una impecable performance en esta bella versión de «Don Quijote».
«Don Quijote». Ballet en un prólogo y tres actos. Coreog.: Z. Prebil, según Petipa/Gorsky. Mús.: L. Minkus. Ballet Estable del T. Colón. Dir.: M. García. Orq. Filarmónica de Bs. As. Dir.: C. Calleja. (Teatro Colón, hasta el 30/11.)
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Una nueva producción escenográfica de Víctor de Pilla renueva ostensiblemente la ambientación hispana de «Don Quijote», una de las piezas fundamentales del ballet clásico-académico que en ninguna compañía importante debe faltar en su versión integral. La que se realiza en el Teatro Colón pertenece al coreógrafo croata Zarko Prebil, quien se basó en los elementales originales de Marius Petipa revisados por Alexander Gorsky (quien le dio a la obra mayor realismo y recuperó una pizca del espíritu de la novela de Cervantes).
Los bellos diseños de Pilla y el rutilante vestuario de Eduardo Caldirola de sutil uso de texturas y tonalidades cálidas crean la atmósfera justa para el desarrollo teatral de esta obra donde el «Quijote» cervantino no es más que un nexo para la historia de amor de Kitri y Basilio, los verdaderos protagonistas del ballet.
«Ballet d action», «Don Quijote» sigue una línea argumental clara y contundente, siguiendo diseños de fuerte sabor hispano combinados sabiamente con el clasicismo académico y riesgosas acrobacias típicas del ballet ruso. La pareja central de esta ocasión estuvo muy bien conformada por Karina Olmedo y Alejandro Parente. El ensamble entre ellos rozó la perfección, lo que les permitió equilibrar una técnica de alto virtuosismo y una pericia teatral superlativa plena de simpatía y armonía de movimientos.
Todo el conjunto del Colón fue convincente tanto en las escenas colectivas como en las labores secundarias. Las de Miriam Coelho, Vagram Ambartsoumian, Cecilia Mengelle, Lila Flores y Silvina Vaccarelli se destacaron especialmente por su calidad. La Orquesta Filarmónica con la firme conducción de Carlos Calleja estuvo muy a la altura de las circunstancias y fueron el complemento sonoro indispensable para la plasmación de este gran espectáculo visual.
Sumando climas armónicos, las luces de Félix «Chango» Monti y Alfredo Morelli ayudan a que los personajes respiren el aire alegre y despreocupado de esta poética historia. Prebil trazó su coreografía a partir de los postulados de Petipa y Gorsky redondeando un espectáculo sumamente atractivo, prolijo y fiel a sus creadores.
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