20 de junio 2003 - 00:00

Briski estrenó obra de Pavlovsky

Norman Briski
Norman Briski
S e estrenó en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) «La gran marcha» de Eduardo «Tato» Pavlovsky, con dirección de Norman Briski. Se trata de una versión libre, en tono farsesco, de «La tragedia de Coriolano» de William Shakespeare. El elenco está encabezado por Pavlovsky, en el rol de Coriolano y Norman Briski, en el de Volumnia, su ambiciosa madre. El vestuario pertenece a Magda Banach, la escenografía y utilería a Leandro Bardach y la música original fue compuesta por Martín Pavlovsky.

Periodista:
El «Coriolano» de Shakespeare es un hombre valeroso que lucha por su patria, pero a la vez siente un profundo desprecio por su pueblo. En la versión de Pavlovsky este conflicto ya no existe.

Norman Briski: Yo estoy muy identificado con esta idea de Pavlovsky de romper a Shakespeare en mil pedazos para descubrir las múltiples lecturas que encierra esta historia. El teatro de Shakespeare es un campeonato de humanidades y está marcado por la idea de que siempre marchamos hacia la muerte. Es muy difícil discutirle eso, pero sí es posible descubrir cosas nuevas en los temas experimentados por él: el poder, el amor, la amistad...


P.:
Bertolt Brecht rescató de «Coriolano» la lucha de clases.

N.B.: En ese punto, yo creo que la versión de Pavlovsky está mucho más comprometida con la sociedad y la actualidad argentina. El lugar de los patricios y de los senadores que se llenan la boca con discursos vacíos, es el equivalente a lo que podría ser hoy nuestra clase política. Por supuesto nuestro país tiene tantas contradicciones como la obra. La novedad que introduce Tato Pavlovsky es la idea de un pueblo mustio y triste, al que Coriolano plantea la posibilidad de un un cambio social presentado como algo alegre. Otra novedad que introdujo en el personaje es la cobardía, porque en la obra todos quieren ser valientes como él. Pero Tato no escribe para moralizar sino para movilizarnos. Desde mi punto de vista, éste es un Coriolano más farsesco y mucho más parecido a nosotros, los argentinos.


P.:
¿Le resultó complicado encarnar a la madre de Coriolano?

N.B.: A mí no me preocupa ser hombre o mujer, yo me ocupo del accionar del rol. Volumnia es una renovadora, no una revolucionaria, es una persona que critica duramente a los senadores, pero para poner a su hijo en el cargo de cónsul. Pide que las cosas se renueven para que todo siga igual. En cambio, Coriolano no sabe que es un revolucionario, porque él es un poeta que está siempre buscando el juego y se mantiene vital porque cuida sus aspectos infantiles.


P.:
Usted ya dirigió a Pavlovsky en varias obras...

N.B.:Yo lo considero uno de los mejores dramaturgos del mundo y él me quiere como actor y me respeta como director. Tenemos una relación muy potente, que tiene que ver con las cosas lindas y feas que tiene nuestro país. Ambos sufrimos el exilio, algunas pérdidas y siempre tuvimos un fuerte compromiso con nuestra realidad. Eso nos hace bastante parecidos en experiencias de vida. Más allá de que los dos tenemos carácter fuerte y a veces nos enojamos, somos muy amigos. Tengo esa suerte.


P.:
En su caso, la dirección y la docencia parecen haber desplazado un poco al actor.

N.B.:Yo esencialmente soy actor, un actor que escribe y dirige. Lo que sucede es que ya no me da el cuerpo para meterme en algo que no me interese o en un programa de televisión boludo. Sólo puedo meterme en cosas que me entusiasmen. Pero, bueno hay jóvenes con los que me hubiera gustado trabajar por algunas películas que vi, y que tal vez por un tema generacional a ellos no se les ocurrió contar conmigo.Además, yo no hago nada de public relations. Mi campo actoral está un poco limitado, pero hay otros campos que se amplían. Este año se están por estrenar tres obras mías: «El alquiler de la sombra», «Fin de siglo» y «El astronauta», una obra que escribí hace tiempo y que ahora va a protagonizar Diego Capusotto con dirección de Ricardo Holcer.Yo jamás me propuse ser autor de teatro. Soy primitivo, escribo cuando tengo ganas, actúo cuando tengo ganas.

P.:
Uno de sus últimos trabajos fue en «Tiempo Final»

N.B.: Sí, recuerdo que le dije a Borensztein: «Ahora, la sangre la llevó yo». Era una broma por la truculencia del programa y la cantidad de sangre que usaban, pero después que le hice ese chiste no me llamó más.

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