«Cazador de sueños» (« Dreamcatcher», EE.UU. 2003, habl. en inglés). Dir.: L. Kasdan. Int.: J. Lee, M. Freeman, T. Jane, T. Sizemore, D. Lewis, D. Whalberg.
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L a fama de Stephen King no se logró con relatos más o menos aptos para todo público como los que derivaron en films tipo «Cuenta conmigo», «Sueño de libertad» o «Misery», sino con barbaridades memorables como «Carrie», «La noche del vampiro» o «Cementerio de animales». Incapaz de marketinear el terror, Hollywood pudo comercializar sin problemas el lado más suave de King (e incluso hacerlo llegar a competir en el Oscar). Pero el verdadero King sigue siendo un misterio para Hollywood, por eso a veces una película basada en él, más allá de la crítica o de los premios, puede convertirse en un tremendo éxito de taquilla. «Cazador de sueños» llega justo cuando los fans del género extrañaban ver en el cine una verdadera película de terror sobre un libro de King. Y Lawrence Kasdan, el director que se atrevió con ésta, parece haberse propuesto filmar cada página fuerte del libro como se debe.
Cuatro amigos que en la infancia hicieron un acto heroico que les cambió la vida, crecen y van olvidando ese pasado adormecidos por la mediocridad general. Reunidos en la cabaña de un bosque de Maine donde se reúnen a cazar, van recordando de a poco aquel acto heroico, sin saber que se están preparando para uno mayor, incluyendo invasiones marcianas y militares fascistas.
Adaptar una novela de King nunca es fácil, especialmente si tiene tantos flashbacks diseñados para revelar paulatinamente los recuerdos infantiles de los cuatro protagonistas, a lo que se suman múltiples subtramas y un sentido alegórico que se va haciendo más fuerte a medida que lo que se cuenta se complica. Si hay algo que sabe hacer Kasdan es narrar, y si bien nunca incursionó como director en el género fantástico, se trata nada menos que del guionista de «Los cazadores del Arca Perdida» y de «El imperio contrataca». Kasdan no evitó ninguna de las situaciones imposibles de la novela -incluyendo horrores escatológicos y una exploración seria de los peores temores masculinos- y por sobre todo logró explicar con recursos sutiles la compleja trama fantástica, sin detener nunca la acción para que un personaje explique todos los puntos oscuros como suele hacer tanto director de Hollywood que subestima al espectador.
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