3 de junio 2003 - 00:00
Cannes: un festival que no puede ocultar su decadencia
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En la era de Hicthcock y Visconti, también tenía algo de energía mística el ya difunto Premio Gary Cooper (obtenido, por ejemplo, por «Matar a un ruiseñor» de Robert Mulligan). Ironías aparte, el mercado y la política obviamente dominan el gran festival de cine europeo, y no en vano muchos han sabido leer entrelíineas el permiso para que una producción de la Warner, «Matrix Reloaded», ensombrezca por completo su equivalente galo, la remake de «Fanfan La Tulipe».
Warner aportó también un gran film como «Mystic River» de Clint Eastwood, dejado to talmente de lado a la hora de las palmas, que se obsesionaron con otro toque político («Elephant» de Gus Van Sant) al punto de transgredir la norma que impide, desde «Barton Fink», premiar al film y a su director.
De cualquier modo, probablemente ni los multiplex de ninguna latitud albergarán el film de Samira Makhmalbaf, ni la producción de Corman será fácil de encontrar en algún local de DVD.
En la muestra «completa» de Fellini, faltó uno de sus mejores y más influyentes trabajos, el segmento «Toby Dammit», la mejor y más delirante adaptación de Poe que daba su razón de ser al film en episodios «Cuentos Prohibidos». Jeanne Moreau tuvo un homenaje sin una retrospectiva de sus films, al mejor estilo de los Festivales de Mar del Plata y Buenos Aires, con Raquel Welch y Francis Coppola, pero sin ninguno de sus films.
En cuanto al «rescate de films perdidos», en Cannes se puso el énfasis en restaurar films que no necesitaban ser restaurados, en su mayoría estan disponibles desde siempre en perfecto estado como «Las aventuras de Robin Hood» de Michael Curtiz o «Espantapájaros» de Jerry Schatzberg. Si bien a nadie podría hacerle daño ver en copias perfectas «El Evangelio según San Mateo» de Pasolini, «La Marsellesa» de Jean Renoir o «A sangre fría» de Richard Brooks, este rescate no tuvo otro criterio de selección que pedirles a firmas como Warner, Columbia y Studio Canal y a sólo dos cinetecas -la de Bologna y el British Film Institute-distintas películas en sus versiones más flamantes.
Cannes no sólo no ayudó a restaurar un solo fotograma. Peor, ni se preocupó por apoyar el trabajo obsesivo de organizaciones no comerciales como The Film Foundation de Martin Scorsese (que recomienda restaurar films mudos, o películas con sonido stereo y formato de pantalla ancha, opciones que aquí brillaron por su ausencia).
En fin, peor fue el año pasado, cuando se anunció con toda pompa un «corte de director» de «Kagemusha» con un metraje de 159 minutos, 3 menos que cuando se estrenó en la Argentina en 1980 y 20 menos que la versión original que Kurosawa mostró en Japón. El desorden y la falta de sustancia no deja de servir como reflejo de las contradicciones e ironías del mundo del cine en el siglo XXI.




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