3 de junio 2003 - 00:00

Cannes: un festival que no puede ocultar su decadencia

Cannes: un festival que no puede ocultar su decadencia
Cannes - Según el director británico Peter Greenaway, la mayoría de los films actuales no se ha adaptado a los tiempos modernos. «Entendiendo que el Festival de Cannes es un centro de difusión de este cine demodé», aseguró en una conferencia de prensa, «en diez años esta muestra no tendría razón de existir».

Aunque sin hacer mucho caso a observaciones tan radicales, lo cierto es que hoy existe un choque cultural, que da como resultado una antítesis extrema de intenciones y acciones entre los principales jugadores de todas las áreas del mundo del cine.

Por ejemplo, un complejo display publicitario de un film inconcluso que se publicitó en Cannes, «Terminator 3», lograba concentrar más atención que cualquiera de los actos menos notorios relacionados con la música en el cine -actividad que, desde esta última edición, formará parte del festival. Mientras el jurado entregaba dos de sus cuestionados premios al film canadiense de Dennys Arcand «Las invasiones bárbaras», el magnate clase B Roger Corman probablemente contaba los dividendos de las ventas de «Barbarian», su nueva producción para el mercado del directo a DVD.

Como un museo de arte que en realidad funciona de fachada para un casino clandestino, el Cannes de los buenos viejos tiempos era una muestra ecléctica que publicitaba un film comercial de la Universal mientras premiaba la máxima superproducción europea, como en 1963, cuando el film más publicitado fuera de concurso era «Los pajaros» de Hitchcock, y el ganador de la Palma de Oro era «El gatopardo» de Visconti.

Cuarenta años después hay un Premio del Jurado (es decir el tercer premio, luego de la Palma de Oro y el Gran Premio del Jurado) para un film iraní sobre Afganistán, «A las cinco de la tarde» de la cineasta veinteañera Samira Makhmalbaf, mientras en los stands de ventas internacionales de docenas de empresas conocidas, y no tan conocidas, se intenta potenciar al máximo la más notoria invención reciente del magnate independiente Clase B Roger Corman, «Escape from Afganistan», en realidad la nueva versión occidentalizada para el DVD de un film ruso de 1994 que intentaba mostrar el llamado «Vietnam soviético».

Lo irónico es que comparando las declaraciones de la directora del film de arte sobre Afganistán con fragmentos de las frases vendedoras del pressbook de la producción de New Concorde, por momentos da la sensación de que ambos productos intentan expresar cosas similares. «Quise hacer una película que explique por qué Afganistán no puede ser salvado por un superhéroe como Rambo» dijo la joven Samira, que a sus 23 años ya ha tenido más suerte en Cannes que el veterano -y una vez presidente del jurado-Clint Eastwood. La desgarradora visión del Afganistán actual no sólo se llevó el premio del jura-do, sino también el Premio Ecuménico.

En la era de
Hicthcock y Visconti, también tenía algo de energía mística el ya difunto Premio Gary Cooper (obtenido, por ejemplo, por «Matar a un ruiseñor» de Robert Mulligan). Ironías aparte, el mercado y la política obviamente dominan el gran festival de cine europeo, y no en vano muchos han sabido leer entrelíineas el permiso para que una producción de la Warner, «Matrix Reloaded», ensombrezca por completo su equivalente galo, la remake de «Fanfan La Tulipe».

Warner aportó también un gran film como
«Mystic River» de Clint Eastwood, dejado to talmente de lado a la hora de las palmas, que se obsesionaron con otro toque político («Elephant» de Gus Van Sant) al punto de transgredir la norma que impide, desde «Barton Fink», premiar al film y a su director.

De cualquier modo, probablemente ni los multiplex de ninguna latitud albergarán el film de
Samira Makhmalbaf, ni la producción de Corman será fácil de encontrar en algún local de DVD.

En la muestra «completa» de Fellini, faltó uno de sus mejores y más influyentes trabajos, el segmento
«Toby Dammit», la mejor y más delirante adaptación de Poe que daba su razón de ser al film en episodios «Cuentos Prohibidos». Jeanne Moreau tuvo un homenaje sin una retrospectiva de sus films, al mejor estilo de los Festivales de Mar del Plata y Buenos Aires, con Raquel Welch y Francis Coppola, pero sin ninguno de sus films.

En cuanto al «rescate de films perdidos», en Cannes se puso el énfasis en restaurar films que no necesitaban ser restaurados, en su mayoría estan disponibles desde siempre en perfecto estado como
«Las aventuras de Robin Hood» de Michael Curtiz o «Espantapájaros» de Jerry Schatzberg. Si bien a nadie podría hacerle daño ver en copias perfectas «El Evangelio según San Mateo» de Pasolini, «La Marsellesa» de Jean Renoir o «A sangre fría» de Richard Brooks, este rescate no tuvo otro criterio de selección que pedirles a firmas como Warner, Columbia y Studio Canal y a sólo dos cinetecas -la de Bologna y el British Film Institute-distintas películas en sus versiones más flamantes.

Cannes no sólo no ayudó a restaurar un solo fotograma. Peor, ni se preocupó por apoyar el trabajo obsesivo de organizaciones no comerciales como The Film Foundation de
Martin Scorsese (que recomienda restaurar films mudos, o películas con sonido stereo y formato de pantalla ancha, opciones que aquí brillaron por su ausencia).

En fin, peor fue el año pasado, cuando se anunció con toda pompa un «corte de director» de
«Kagemusha» con un metraje de 159 minutos, 3 menos que cuando se estrenó en la Argentina en 1980 y 20 menos que la versión original que Kurosawa mostró en Japón. El desorden y la falta de sustancia no deja de servir como reflejo de las contradicciones e ironías del mundo del cine en el siglo XXI.

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