25 de abril 2008 - 00:00
Carlos, como un Sinatra brasileño
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La melenita histórica y la voz cálida: Roberto Carlos, a los
67 años, regresó al país luego de una larga ausencia.
Plantado como un artista internacional, se respaldó en una orquesta numerosa, casi una sinfónica en la que sólo faltan las cuerdas reemplazadas ahora por los teclados.
Como un Frank Sinatra de hoy, tuvo a un director -su viejo compañero Eduardo Soares Lages-conduciendo de pie a los músicos. Se apoyó en un sonido «acolchonado», sin más sorpresas que algunos solos de vientos o de teclas breves y perfectamente ensayados. Repitió su cariño por la Argentina y recordó la significación que ha tenido nuestro país en los comienzos de su carrera en español, lengua en la que hizo casi todo su show en un claro gesto de seducción al público, sin importarle que muchas de sus canciones pierdan en la traducción.
Se sostuvo con una voz que resiste sin ningún inconveniente el paso de los años. Claro que todo, aun esa actitud de repetición de fórmulas y el marco neutro de un sonido «sin patria», es posible porque el brasileño tiene en su colección una enorme cantidad de canciones inoxidables -aún varias criticadas oportunamente por triviales-que han resistido con comodidad varias décadas y que están en la memoria de todos.
Estuvieron, por supuesto, piezas muy recordadas, como «Qué será de ti», «Cama y mesa», «Desahogo», «Yo te propongo», «Un gato en la oscuridad», etc. Pero el momento mágico de su show fue cuando se calzó la guitarra para hacer «Detalles», quizá la más lograda de todo su repertorio.


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