29 de junio 2006 - 00:00

"Cars"

Rayo McQueen, Strip Weathers y Chick Hicks, los competidores en «Cars», el nuevo productoPixar de sorprendente diseño.
Rayo McQueen, Strip Weathers y Chick Hicks, los competidores en «Cars», el nuevo producto Pixar de sorprendente diseño.
«Cars» (id., EE.UU., 2006; dobl. al esp. y habl. en inglés). Dir.: J. Lasseter. Film de animación computarizada. Voc. originales: O. Wilson, B. Hunt. P. Newman y otros. Doblaje: D. Brieva, V. Lozano, N. Vázquez, M. Di Palma, J.M.Traverso y otros.

Cada nuevo film de «Pixar» convierte al inmediato anterior en pieza de museo. La espectacularidad del diseño y la animación digitalizada de «Cars», nuevo retoño del sello ya absorbido por Disney, hacen que hoy se vea a «Los increíbles», estrenada hace menos de dos años, varios escalones por debajo en su factura (algo que no siempre ocurre con el estudio rival «Dreamworks», sustentado en equipos de producción simultáneos y heterogéneos).

Pero si «Cars» es técnicamente el largometraje más logrado de Pixar hasta el momento, nunca termina de superar el mayor escollo de su propio punto de partida: es muy difícil, imposible casi, «humanizar» automóviles y transmitir sentimientos a través de sus historias. No son pecesitos como en «Nemo», ni insectos como en «Bichos» ni juguetes (como en «Toy Story»). En el fondo, no deja de tener algo siniestro que un Coupé de carrera rojo se enamore de una Porsche 2002 azul; del mismo modo, la melancólica frustración del viejo Hudson Hornet es emotiva sólo en las intenciones de los libretistas.

Aceptada esa barrera, que en muy contadas ocasiones el film logra franquear, «Cars» es una película enteramente disfrutable (y lo sería más todavía con algunos minutos menos).

Si bien la película está dirigida a públicos de todas las edades, su mayor inspiración, y la más importante fuente de recursos de sus gags, no serán comprendidas más que por el público adulto. «Cars» es un canto a la Arcadia perdida: la década del 60, el amor y la paz de los hippies (representados por ese minubus VW 1960, de barba y anteojos), los pueblos de la «América profunda» unidos por la mitológica Ruta 66, que en la actualidad vegetan a base de recuerdos. La construcción de la Interestatal 40, que alejó a los automovilistas de sus bares, sus estaciones de servicio y del contacto con los parroquianos, cambió de un golpe no sólo el paisaje sino la vida misma. El film se abre y cierra con dos competencias, y el final no deja de ser sorpresivo (a fuerza de una moraleja mucho más extrema). El novato «Rayo McQueen» (claro homenaje a Steve McQueen) tiene que destronar a dos poderosos competidores, uno de ellos bastante ladino. En la primera empatan en la línea de llegada, y hay que volver a correr una segunda carrera en Los Angeles. En el medio, sin embargo, Mc-Queen se pierde en Radiator Springs, uno de esos pueblos fantasmas, donde sobreviene la cátedra de vida sana; por fortuna, a base de recursos ingeniosos y no puramente aleccionadores.

El doblaje local, también por fortuna, no cae esta vez en absurdas argentinizaciones (como cuando se mencionaba a la avenida Corrientes en «Los increíbles»). Si bien no es lo más aconsejable perderse la voz de Paul Newman para el personaje del Hudson (aquí lo hace Juan María Traverso), entre Owen Wilson y Nicolás Vázquez (McQueen), o Bonnie Hunt y Verónica Lozano ( Sally el Porsche), o Larry The Cable Guy y Dady Brieva (el remolque Mate), no ha de haber diferencias que quiten el sueño.

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