3 de julio 2002 - 00:00
"Casarse es un error necesario"
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Comienza el Festival Internacional Cámara Corporizada con más de 40 películas de 20 países
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Disponible en Netflix: la película que se estrenó hace 30 años y es la favorita de millones
John Updike
P.: ¿Qué papel tiene la literatura de ficción?
P.: Sus protagonistas tienen una poderosa vida secreta... ¿Cuánto de ella podría compartir con otros?
J.U.: La gente cercana se sentiría herida por nuestros deseos. Leemos ficción para descubrir que otros también tienen vidas secretas y así nos sentimos menos solos. Leer a Proust, por ejemplo, es una experiencia muy íntima, porque descubre muchas más cosas de uno mismo que la gente que se encuentra por la calle en la vida real. Es una vivencia mucho más profunda.
P.: Sus personajes se sienten atrapados en la vida que están viviendo, con matrimonios fallidos, ¿la cambiarían si pudieran?
J.U.: Para muchos el casamiento es posiblemente un error, pero un paso necesario para dejar atrás la familia y construir una nueva vida. Para vivir hay que cometer errores y casi podríamos definir la libertad como la posibilidad de cometer nuestros propios errores. Y cuando uno ha construido su vida de forma errónea y se siente atrapado, se enfrenta a la contradicción de la seguridad o la realización personal. Vivimos en la tensión constante de querer sentirnos seguros y a la vez temer que nuestra vida sea demasiado pequeña...
P.: La relación padres e hijos lo aborda con frecuencia...
J.U.: ¿Cuánto hay que dar a los hijos? ¿Debe un padre sacrificar su propia identidad en bien de sus hijos y darles así una falsa imagen de la vida o de sí mismo? ¿Quieren eso los hijos? Creo que no. En mi generación, en los '60 hubo muchos divorcios y la verdad es que nos olvidamos de las necesidades de nuestros hijos. Esos hijos ahora son más conservadores, se agarran más a sus propias familias, como en la generación de mis padres, a la que la Depresión de los años 30 hizo sentir que la familia era el único lugar seguro ante unas fuerzas exteriores que podían destrozarte.
P.: ¿La edad hace más apto para el amor?
P.: Usted dice que la sexualidad femenina es un mapa tan difícil de trazar como...
J.U.: (Risas) ¡El del norte de New Jersey...! A un americano típico le cuesta una vida entera empezar a sentirse confortable con la sexualidad femenina. Supongo que esto se debe a que aún somos una sociedad puritana. Tal vez debiéramos intentar aceptar la sexualidad femenina como una extensión de la amistad con las mujeres. A los hombres nos cuesta aceptar el deseo femenino, porque tenemos que empezar a preguntarnos si seremos capaces de satisfacerlo... da un poco de miedo. En las sociedades patriarcales las mujeres no pedían nada y los hombres se sentían más seguros.
P.: ¿Qué sería si no fuera escritor?
P.: ¿Por qué EE. UU. ejercen fascinación sobre el resto del mundo?
J.U.: EE.UU. es el nuevo mundo, somos afortunados en nuestra geografía e instituciones, y también por la cantidad de gente que ha llegado con deseos de vivir en un mundo mejor. Según Bush jr. somos la única superpotencia. Pero nuestro poder no viene tanto de las bombas como de la cultura popular, de las hamburguesas a las películas de Spielberg. Es posible que esta cultura esté dañando las tradiciones de otros países, pero creo que el concepto que atrae es el de libertad. Tenemos más libertad que muchas naciones, aunque ésta no sea absoluta y al menos durante el siglo XX, el mundo nos vió como emblema no sólo de libertad sino también de felicidad. En muchos aspectos es una sociedad ruda y muy dura. Nueva York, ahora una ciudad herida, no sólo fue libertad e ilusión para los inmigrantes, también para muchos americanos que huían del ambiente puritano que aún se respira aquí. Y parte de la herencia puritana implica que si no tienes éxito, es por tu culpa. Existe la libertad para triunfar, y por tanto se exige el triunfo. Es un gran país para ser rico, pero muy duro si eres pobre.
P.: Las imágenes de las Torres desplomándose fueron increíbles... ¿los límites entre
realidad y ficción cree que deberían ser reconsiderados?
J.U.: Sí, sin duda ya no es un límite tan claro. Cuando veía las Torres arder tenía que estar continuamente recordándome que aquello no era una película, que estaba pasando de verdad. Igual que sucede con esos niños que van al colegio con armas y las disparan: es la vida imitando a la ficción tal y como la vemos por TV. Es más difícil para el hombre contemporáneo distinguir realidad de ficción; por otra parte, que la ficción esté tan presente hace que minusvaloremos las consecuencias que nuestras acciones tienen en el mundo real. Me preocupa que los jóvenes que viven para sus ordenadores no lleguen a distinguir lo que es real de lo que no, lo que importa y lo que no, lo que es o no tolerable para la sociedad.




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