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Borges, Cortázar, Bioy Casares han confirmado en el mundo que la literatura fantástica es un género clave en la narrativa argentina. Con «El espejo que tiembla», Abelardo Castillo se suma ahora a esa extraordinaria lista.
Si bien Castillo se había permitido hacer aportes a la literatura fantástica desde sus primeros libros, con cuentos como «Mis vecinos golpean» o «La casa del largo pasillo», la mayoría de las veces su obra fue ganada por el deseo de participar de la narrativa realista, a la que era tan propicia su generación, la de los años '60. Ese gusto por lo fantástico se establece en Castillo desde sus inicios como escritor, a los 22 años en algún relato de «El otro Judas», y a los 24, no sólo en momentos de su consagratoria obra teatral sobre Edgard Allan Poe (« Israfel»), sino en el fervoroso homenaje que realiza a una de las cumbres de la literatura fantástica.
Once notables cuentos, la mayoría brevísimos, reúne Castillo en «El espejo que tiembla». Pareciera que durante los 13 años en los que no publicó nada nuevo hubiera estado trabajando obsesivamente estos relatos para que alcanzaran la simpleza y claridad de los relatos clásicos. Y, también, para que, como dice en uno de sus cuentos, «cuando lo imposible empieza a suceder, lo más razonable sea aceptarlo con naturalidad». Esas once historias tratan de: el daimón de Sócrates instalado en Buenos Aires y que va pasando de hombro a hombro («La cosa», cuento que compite con algunos de los mejores de Dino Buzzati), el inconcebible encuentro entre el marido y el amante de una mujer muerta («La mujer del otro»), la niña que se arrepiente de un pedido que hizo a los Reyes Magos («Noche de epifanía», que parece que hubiera sido escrito por Norah Borges), un pliegue en el tiempo que permite un amor momentáneo e inolvidable («La calle Victoria», que juegan con elementos cortazarianos),un encuentro onírico con el Poe poeta («Fordham, 1994»), una mujer que se vuelveeróticamente sirena («Ondina»), una sirvienta deficiente mental que realiza una atroz venganza («La pava», historia que remite a una leyenda urbana), el sorpresivo encuentro de un cuchillero y un gangster («Cita en cualquier lugar», fusión de Borges con Hemingway), un hombre que cambia de viaje y de vida para ser como otro («El desertor»), las locas claves de un fratricidio («La que espera»). Acaso el momento más alto de este atractivo libro está en la imperdible y antológica historia de amor de «El tiempo de Milena». Si bien muchos de los cuentos recuerdan, a esta altura de las letras resulta inevitable, otros relatos y otros autores, a la vez se distancian de inmediato de esas referencias para adquirir plenamente la voz del autor de «La otras puertas» y «El Evangelio según Van Hutten».
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