23 de agosto 2001 - 00:00

Cate Blanchett, actriz de garra

Cate Blachett.
Cate Blachett.
"Premonición" lleva como protagonista a una actriz extraordinaria, Cate Blanchett (que fue la reina en «Elizabeth»). Por voluntad del libro, su persona-je es ahora el de una vidente sureña que debe atravesar, como el resto de los personajes, una peripecia policial clásica. Si fuera abogada, artista plástica o inclusive obrera, y si el fondo de la película fuera puramente dramático, sin elementos sobrenaturales, con seguridad «Premonición», tal como es, sin cambiar nada, recibiría una mirada diferente.

Su Annie Wilson está en la línea de las heroínas de carácter fuerte del cine americano: viuda precoz con hijos pequeños, único sostén económico de su hogar, sufrida pero emprendedora y buena amiga de las personas débiles de la comunidad. Annie asiste a los más desprotegidos en sus tragedias personales como si la de ella no fuera mayor, o como si ella misma no necesitara el punto de apoyo externo del que carece. Ni Meryl Streep ni Sally Field serían tan persuasivas.

La forma en que plantea el libro los conflictos que atraviesa tampoco es ajena a las intrigas de odios, ambiciones y deseos frustrados de los pequeños pueblos del sur norteamericano. Keanu Reeves, el despótico y violento marido «redneck» de Valerie ( Hilary Swank), la suele amenazar, alcoholizado, cuando se siente en peligro: ella representa una intromisión. La policía no está del todo de su lado: se trata, en definitiva, de una mujer sola en una sociedad predominantemente masculina.

En los tímidos cortejos del humillado director de la escuela (Gregg Kinnear) o en la difícil relación con el tonto del pueblo (el eficaz Giovanni Ribisi), quien a la vez funciona como su único soporte en momentos críticos, también son detectables las marcas de esa misma tradición dramática. Actores y puesta en escena (es muy advertible la madurez del director Sam Raimi) están a la misma altura. Pero, claro, Lucifer también sacó boleto. Annie es quiromántica, hay unos cuantos golpes de efecto con música al tono, un asesinato que no termina donde debería (en lo humanamente pasional), y un desenlace policíaco previsible. Estos acentos, de alguna forma extraños a la naturaleza del drama, arriesgan cierta distracción de la mirada. En «Premonición» lo menos interesante es la identidad del criminal o los varios sobresaltos en la butaca. Lo que importa es todo el resto.

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