20 de octubre 2005 - 00:00

"Cautiva"

«Cautiva» es un relato clásico y ecuánime sobre la crisis de una adolescente al saberque fue adoptada en forma ilegal y que un juez la separa abruptamente del que ellaconsidera su hogar.
«Cautiva» es un relato clásico y ecuánime sobre la crisis de una adolescente al saber que fue adoptada en forma ilegal y que un juez la separa abruptamente del que ella considera su hogar.
«Cautiva» (Argentina, 2004, habl. en español). Guión y dir.: G. Birabén. Int.: B. Lombardo, M. Funes, S. Campos, O. Santoro, H. Arana, S. Bayle, L.Catalano, N. Frenkel, R. Berco, F. Bloise, M. Alonso, M. Ferradás.

Puede recordarse a los jenízaros del imperio otomano: niños cristianos raptados, convertidos en fanáticos musulmanes, y devueltos años más tarde para que mataran a sus propios padres. Y a los «integrados» australianos, víctimas de un sistema que rigió hasta mitad del siglo XX: el propio gobierno secuestraba niñitos indígenas, y en colonias estatales los sometía a una reeducación atroz. O renegaban de sus padres y sus costumbres, incorporándose a la civilización blanca como fieles servidores, o morían.

Entre medio estaba la costumbre de indios y militares del desierto argentino: quitarles las criaturas a las indias apresadas, y convertirlas en criaditas domésticas, como una suerte de hijas de segunda categoría. desde esa perspectiva, en el lento avance de la humanidad, existió la costumbre de apiadarse del hijo del enemigo y asumirlo casi como un hijo propio.

El presente es un relato clásico, ideológicamente equilibrado, con una mirada diríamos ecuánime, lástima que con diálogos algo esquemáticos, de una situación propia de los '80: la crisis de una adolescente al saber que ha sido adoptada en forma ilegal, y que un juez la separa abruptamente del que ella considera su hogar. Hasta ahora ha sido cautiva de unos padres y un entorno, ahora lo será de una abuela y otro entorno. Lo bueno es que, dentro de todo, esta historia no tiene buenos ni malos definitivos, ni muy maliciosos, ni muy preclaros, como podría temerse, sino solo una chica naturalmente confundida, con los afectos repartidos entre diversas personas que la quieren, cada una a su modo y como mejor puede. Cada parte trata de exponer sus razones, y su corazón.

Buenos intérpretes contribuyen a darles carnadura. En particular, Hugo Arana como el magistrado que se encuentra por primera vez con un caso semejante entre sus manos, Osvaldo Santoro como el padre («ellos son tus padres originales, nosotros somos tus padres reales», logra explicarle, lástima que a destiempo), y Susana Campos en su anteúltimo trabajo cinematográfico. Como se recordará, su despedida fue con «Como pasan las horas», donde también actuaba, igual que acá, su hija Roxana Berco.

A señalar, el buen debut, deliberadamente en tono menor, del realizador, Gustavo Biraben, marplatense que estudió cine en la escuela de Avellaneda, se fogueó como editor de sonido en Hollywood, en varias películas de Jim Carrey, Harrison Ford, y Robin Williams, y ahora volvió para decir lo suyo.

Volviendo al tema, corresponde citar otros dos enfoques complementarios del mismo asunto:
«El despertar de L.», donde una joven entra en sospechas sobre su origen, y el documental uruguayo «Por esos ojos», sobre una abuela que buscó durante veinte años a su nieta, sólo para descubrir que la chica la odiaba a muerte aún sin conocerla, y que quería seguir la carrera de su padre adoptivo, agente de la Side. Son cosas que pasan.

P.S.

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