25 de octubre 2005 - 00:00

Charly García celebró (y actuó) a su manera

Fiel a sí mismo, el músico llegó mucho más tarde de lo previsto al show de celebración de su cumpleaños número 54, revoleó instrumentos y se enojó con el sonido, entre otras cosas, pero a sus fans no les importó.
Fiel a sí mismo, el músico llegó mucho más tarde de lo previsto al show de celebración de su cumpleaños número 54, revoleó instrumentos y se enojó con el sonido, entre otras cosas, pero a sus fans no les importó.
«El domingo elegí por Say no More». Charly García (voz, guitarras, teclados, percusión). Con K. Hayashida (guitarra), T. Silva Peña (batería), C. González (bajo), A. Terán (violín), J. Weintraub (violín), J. Gándara (cello) y «Lautaro» (bandoneón). (Teatro Gran Rex, 23/10.)

El país estaba detenido frente a las pantallas de TV o de internet siguiendo los resultados de las elecciones, o participaban de festejos o frustraciones en distintos comités políticos. Sin embargo, frente al teatro Gran Rex, en la avenida Corrientes, se agolpaban más de 3.000 personas con otro propósito. Es que, como cada año, Charly García había decidido festejar su cumpleaños -el número 54- con un concierto.

Por supuesto, nada le importó que se tratara de un domingo; y nadie se sorprendió de que la convocatoria se hiciera con pocos días de anticipación y para un horario poco habitual para shows en esa sala. García puede darse cualquier lujo. Puede llamar a la iniciación de su concierto a las 23.30 y comenzarlo bien pasada la una de la mañana del día siguiente. Puede hacer sonar unos aullidos insoportables durante largos minutos antes del inicio del espectáculo sin que nadie se enoje. Puede interrumpir su actuación a menos de media hora de comenzado para el primer intervalo sin que ninguno de sus fans se irrite. Y hasta puede subir al escenario a Palito Ortega -en cuyo estudio de Luján está grabando su nuevo disco- y cambiar los posibles silbidos por aplausos.

A partir de allí, con esa incondicionalidad del público que conoce pocas similitudes en nuestro país, empieza a importar poco lo que es un concierto o un disco en sí. Para la crónica podría decirse que fue una actuación desprolija, que Charly se mostró fastidioso con un sonido que -por cierto- no las tenía todas consigo, que volvió a acompañarse con el trío rockero chileno y con el agregado del trío de cuerdas, y que en su repertorio convivieron «covers», temas de sus distintos discos solistas,canciones de la época de Sui Generis reformuladas y deformadas («Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario, o no», «Confesiones de invierno»), y que compartió con Palito Ortega un tema que compuso hace tiempo, «Corazón de hormigón» («la hice a los 9 años, cuando escuchaba con un oído el Club del Clan y con el otro música clásica», dijo hace pocos días en conferencia de prensa).

Como siempre que García se muestra algo díscolo -aunque «está muy bien», según comentaban sus allegados-, el personaje superó al músico. Revoleó instrumentos, lanzó ironías que llevanalgo de verdad («los chicos que tocan conmigo, hoy no me cobran; espero que la productora Fénix y los dueños del teatro hagan lo mismo y me regalen la función», dijo un poco en broma y otro poco en serio), cantó los temas sin un orden muy claro e interrumpiéndolos varias veces antes del final. Y la carga profesional quedó en manos del sólido trío que conforman Kiuge Hayashida, Tonio Silva Peña y Carlos González y en el otro trío, el de cuerdas, de Alejandro Terán, Javier Weintraub y Julián Gándara; con el agregado, en algunos casos, de un bandoneonista al que llamó simplemente Lautaro.

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