15 de julio 2020 - 00:00

Chernóbil, la serie y su real inspirador

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¿Secreta confesión que libra de culpas? ¿Acuerdo de partes? ¿Módico arreglo con un rústico que tenía el cupón premiado? ¿Qué llevó a que Craig Mazin, “creador y autor” de la famosa miniserie “Chernóbil” a declarar que “Chernóbil 01: 23: 40 La increíble verdadera historia del peor desastre nuclear mundial”, de Andrew Leatherbarrow, es “una fabulosa combinación de crónica de viaje, relato histórico y documento científico”. Y a exhortar: “Compre este libro”. Mucho, ¿no? Y, por si fuera poco, lo conceptual de “imprescindible”. Si es así, ¿cómo es que Leatherbarrow no aparece en los créditos de la exitosa miniserie de HBO-Sky? Más aun, si se rastrea se descubre que Mazin explicó que encontró el libro de Leatherbarrow cuando se documentaba sobre la tragedia y “decidió guiarse con él para escribir el guión”. ¿Qué tal? Sin embargo, la miniserie dice estar basada en “Voces de Chernobil” de Svetlana Aleksiévich. Claro, mejor que la opera prima de un paseador de perros escocés es una de la admirable escritora bielorrusa que en 2015 logró obtener el primer Premio Nobel para el periodismo.

El libro de Aleksiévich es una de sus obras polifónicas del ciclo “las voces de los sin voz”, donde entrelaza magistralmente quinientas entrevistas que realizó a afectados por el desastre nuclear, de las que Mazlin dice que utilizó cinco.

El neoyorkino Mazin se recibió de psicólogo en Princeton pero logró entrar a trabajar como guionista, director y productor en Disney Pictures y luego en Miramax. Entre las 18 películas que llevan su firma hay varias de superhéroes. En julio de 2017 anunció que tenía listo el guión sobre Chernóbil, que se filmaría en Lituania y Ucrania.

A los 20 años, mientras estudiaba Diseño Gráfico en Aberdenshire, Leatherbarrow descubrió imágenes de lo ocurrido a la una de la madrugada el 26 de abril de 1986 en Chernóbil. Impresionado, comienza a investigar obsesivamente. Los libros que encuentra son demasiado técnicos. No se entiende bien lo ocurrido. Se culpa con liviandad al personal de la central nuclear. Se busca el sensacionalismo o la mera acumulación de datos y entrevistas. Las imágenes le parecen las de una distopía, las de escenario de aniquilación de una novela cyberpunk de William Gibson. En 2011, a los 21 años, encuentra el aviso de un tour de “turismo negro”. Esa vez llevan a Prípiat, la Zona de Exclusión de Chernóbil. Pidiendo plata prestada, logra colgarse a último momento. “Me estimuló a estudiar el desastre con mayor profundidad”, dijo. Comienza a publicar sus notas, y cientos de las fotos de su visita en Internet, que se replican por las redes. En 2015 hace una edición casera de lo escrito con impresión on demand. Tras cinco años de escrituras y reescrituras, en 2015 el libro está listo. Ha puesto todo lo que una persona común tiene que saber sobre la energía nuclear y la radiación, sobre Chernóbil y el accidente, sobre la decadente URSS y su intento de ocultar su culpa, su viaje y los encuentros con sobrevivientes. No sabía si había hecho una especie de documento o un documental.

Cuenta: “en mayo de 2019 HBO lanzó una miniserie dramática de cinco capítulos sobre la catástrofe que ha sido aplaudida de forma unánime en todo el mundo. Tuve la suerte de desempeñar en ella un pequeño papel”. Leatherbarrow tiene cuero de sobra.

Hace un tiempo, desde Escocia, reveló que tenía casi terminando un libro sobre el desastre nuclear de Fukushima, ocurrido en Japón el 11 de marzo de 2011. Hace poco, en Hollywood, le preguntaron a Craig Mazin si iba a haber un “Chernóbil 2”, dijo: “si HBO me lo propone, le diré que ahora me interesa hacer algo sobre el desastre japonés de Fukushima”.

=Andrew Leatherbarrow “Chernóbil 01:23:40”, Duomo Nefelibata, Barcelona, 2020, 282 págs.

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