7 de agosto 2001 - 00:00

Cinain: "El patrimonio de la memoria está en peligro"

Fernando Solanas.
Fernando Solanas.
(06/08/2001) La conservación del patrimonio audiovisual en el país es hoy el centro de una batalla con múltiples protagonistas. Se inició cuando el entonces legislador Fernando «Pino» Solanas logró impulsar el proyecto de creación de una Cinemateca Nacional, Cinain, que rápidamente obtuvo consenso entre cineastas y personalidades vinculadas al cine. Su consigna era centralizar la conservación de la memoria fílmica y alertar sobre el peligro de su desaparición.

El proyecto Solanas (del cual forman parte, entre otros, Juan José Stagnaro, Fernando Martín Peña y Humberto Ríos) entraba en colisión con la tradicional Cinemateca Argentina, fundación privada que dirige Guillermo Fernández Jurado, y que desde hace tiempo atraviesa un período de turbulencia financiera.

En los dos últimos meses, el Museo del Cine, dependiente del Gobierno de la Ciudad -otro de los actores-, incrementó su patrimonio con la incorporación de 26 largometrajes recientes, en copias de 35 mm. (donados por sus productores en forma directa, o por intermedio de un distribuidor que los tenía en sus depósitos), así como dos largos en 16 mm., y dos negativos en 35 mm. Uno de estos es nada menos que «Tango» de Carlos Saura, con fotografía de Vittorio Storaro, una joya que obliga a tomar recaudos extraordinarios, para que no se pierda ni uno de sus exquisitos fotogramas.

El grupo Aprocinain (Asociación Pro Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional, que sostiene el proyecto de Cinemateca Nacional) reclama que «ningún organismo municipal o estatal posee los medios específicos para recuperar, preservar y restaurar material audiovisual». También sostienen que «en el mejor de los casos se lo ha procurado guardar, que no es sinónimo de 'preservar', o se ha paliado la emergencia transcribiendo el material a video para permitir el acceso, lo que no implica 'restaurar', y sólo supone una solución transitoria».

Recientemente, Aprocinain rescató y restauró «Mosaico criollo», remozó «Nobleza gaucha», y orientó al INCAA en el rescate de centenares de latas arrumbadas en viejos depósitos de laboratorios ya cerrados. Ese material está ahora en los sótanos de la escuela del INCAA, que piensa destinar algo de capital en forma de beca para los alumnos que participen en su fichaje y ordenamiento final.

Días atrás, Aprocinain acordó con la Secretaría Nacional de Cultura la posibilidad de usar los sótanos y algunas salas y pasillos de la ex Biblioteca Nacional, es decir, el enorme edificio de la calle México, próximo a declararse Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad, y que hoy se usa apenas en 30% de su extensión. «Hay que refaccionar, porque se palpa humedad, sacar mucha basura, y poner anaqueles nuevos, para lo cual acudiremos a la Fundación Antorchas. Mientras tanto, Solanas ya fue a ver a Federico Mayor, de la Unesco, y a Iglesias, directivo del Banco Internacional de Desarrollo, por un plan de inversiones a fondo perdido para estos casos», dice Humberto Ríos, cineasta de los '60, hoy docente y miembro de la sociedad restauradora.

Federico Mayor es, precisamente, el creador de un comité de honor con personalidades del cine mundial, que además de celebrar el centenario del cine se ocupa de llamados mundiales en pro de la conservación del material en todas partes. Respondiendo al caso argentino, por una Cinemateca Nacional, ya han adherido figuras como los directores franceses Constantin Costa-Gavras (que además dirigió la Cinemateca Francesa), Bertrand Tavernier (asimismo impulsor del Centro Lumière), Gillo Pontecorvo, el restaurador mexicano Fernando Osorio (que está trabajando en el edificio actual de la Biblioteca Nacional), el productor Jorge Estrada Mora, y directores nativos como Manuel Antín, Eduardo Mignogna, Luis Puenzo (que el año pasado encontró hongos en el negativo de «La historia oficial» que había dejado en un depósito privado), Mario Sábato (que hoy difícilmente podría hacer su documental de montaje «Al corazón», sobre el tango en el cine, porque todas esas películas argentinas, y muchas más, pasaron al poder de una empresa televisiva venezolana con sede en Miami), etc.

Entre tantos proyectos, los de Aprocinain apenas atienden las objeciones de Cinemateca Argentina. Pero no se privan de fustigarla. Integrantes de su comisión directiva, consultados por este diario dijeron: «La citada Fundación recibió 500.000 dólares durante la gestión de
Manuel Antín en el Instituto de Cine, y luego más de un millón de pesos durante la primera gestión de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía.

Con esa ayuda, la entidad tuvo una oportunidad histórica de desarrollarse que, sin embargo, no supo aprovechar. Hoy ha restringido al mínimo su actividad pública, ha clausurado su escuela de cine antes de graduar a sus alumnos, ha cerrado el acceso a sus colecciones de libros, documentos, y films, y enfrenta juicios laborales de varios empleados».

También agregaron: «Cuando se niega a colaborar con la creación de una Cinemateca Nacional con la que podría complementar actividades, viola el código de ética de la Federación Internacional de Archivos de Films (FIAFs). Nada de esto significa negar su aporte ni su historia, sino sólo señalar que no ha sabido renovarse, ni mucho menos administrarse».



Dejá tu comentario

Te puede interesar