18 de febrero 2005 - 00:00

Cine y fútbol: Festival de Berlín adelantó el Mundial

Franz Beckenbauer concurrió ayer al Festival de Cine de Berlín para referirse al Mundial 2006 en Alemania y la futura película colectiva sobre ese deporte.
Franz Beckenbauer concurrió ayer al Festival de Cine de Berlín para referirse al Mundial 2006 en Alemania y la futura película colectiva sobre ese deporte.
Berlín (ANSA) - El Festival de cine de Berlín anticipó ayer el Mundial de fútbol que se jugará en Alemania en 2006, con el anuncio de una serie de películas relacionadas al tema y que se realizarán hasta mediados del año próximo. Kenneth Branagh, Emir Kusturica, Werner Herzog y Jean-Jacques Beineix son algunos de los cineastas mundialmente famosos que dirigirán episodios de 15 minutos de un film colectivo, aún sin título. Otras partes ya completadas fueron realizadas por la argentina Gabriela Tagliavini, el alemán Ulrich Seidl y el chino Ying Ning, con un estreno fijado para el próximo Festival de Berlín.

El anuncio fue hecho duranteuna conferencia de prensa de la Berlinale, a la que asistió el famoso «Kaiser» del fútbol alemán Franz Beckenbauer y actual presidente de la organización del Mundial 2006.

También se anunciaron otros proyectos como «Shoot Goals! Shoot Movies!» («¡Hagan goles, hagan películas!»), una serie de 45 cortos hechos por los aspirantes a cineastas llegados de todo el mundo para asistir al Talent Campus y que se exhibieron anteanoche en la Casa de las Culturas del Mundo. Pero el 2006 será una fiebre del fútbol en cine: el brasileño Walter Salles, director de «Diarios de motocicleta» sobre el Che Guevara, está escribiendo un guión, «Linha do pase», sobre cuatro hermanos que tratan de escapar de la miseria familiar gracias al fútbol. Además, en el mismo Brasil, se prepara «Ginga», producida por Fernando Mirelles («Ciudad de Dios») sobre la relación de los brasileños con ese deporte.

En Gran Bretaña, Kenny Glenaan dirigirá «Ducane's Boys» que retrata a los agentes de los futbolistas como los modernos traficantes de esclavos del siglo XIX, mientras Leni Alexander realizará «Hooligans», sobre las barras bravas del fútbol inglés, y Danny Cannon está rodando «Goal!».

En lo que respecta a la competencia, la Historia volvió a apoderarse ayer del Festival con dos films de la octava jornada en concurso. Uno de ellos está dedicado a un pasado reciente como el genocidio en Ruanda y el otro evoca el fin de la Segunda Guerra Mundial, con la rendición incondicional de Japón y la renuncia oficial del emperador Hirohito a su condición divina.

El director haitiano Raoul Peck con «Sometimes in April» («A veces en abril»), producida por HBO, vuelve a evocar el genocidio ocurrido en Ruanda en 1994 donde murió casi un millón de personas por los enfrentamientos tribales entre hutus y tutsis. En tanto, el ruso Alexander Sokurov completó con «Solnze» («Sol»), centrado en la figura de Hirohito, su trilogía sobre los grandes dictadores del siglo XX (después de Hitler y Lenin).

La jornada se completó con el quinto largometraje en diez años como director del guionista francés
Jacques Audiard, que bajo el título poético «De battre mon coeur s'est arreté» («De latir mi corazón dejó») esconde una historia de vida metropolitana de violencia, venganza y redención.

«A veces en abril»
cae, como «Hotel Rwanda», exhibido al principio de la Berlinale fuera de concurso, justo en el décimo aniversario de un genocidio y su valor reside en su capacidad de evocar un hecho que aun pesa en la conciencia de las naciones civilizadas. La trama cuenta la historia de dos hermanos hutus separados por el odio: uno es un sargento del ejército ruandés, casado con una tutsi, que pierde a toda su familia en el genocidio, y el otro un popular animador radial que exalta a la mayoría hutu a eliminar a las « cucarachas» tutsis; diez años después, será juzgado por un tribunal internacional para los crímenes de guerra.

Sokurov
, que sedujo al mundo con su brillante «Arca rusa», vuelve a los colores apagados de su trilogía histórica con este «Sol» dedicado al emperador Hirohito, que al revés que Hitler y Lenin, protagonistas de los dos capítulos anteriores, no es retratado en el momento de su muerte sino solo en el de su derrota, cuando es obligado por el general Douglas MacArthur a firmar la rendición incondicional y a abdicar de su origen divino.

Pero
Hirohito no es un criminal fanático como Hitler ni uno revolucionario como Lenin, sino simplemente un títere del aparato militar más bien interesado en asegurar su supervivencia y mantener su estatus y su poder. Sokurov lo muestra como un niño incapaz de abotonarse la camisa o de abrir una puerta, contento como unas Pascuas por un regalo de cajas de chocolate e indiferente al fanatismo de sus súbditos que se suicidan por vergüenza.

Menos sombrío que
« Moloch», que mostraba las últimas semanas de vida de Hitler en su bunker berlinés, y que «Taurus», donde se veía a un Lenin

paralizado en su dacia de Moscú que recibe la visita de Stalin, «Sol» se presenta como el menos abstruso de los tres e Insey Ogata hace una creación de su personaje de Hirohito, luciendo siempre esa mirada asombrada de los niños que descubren por primera vez el mundo.

Jacques Audiard
, excelente dialoguista igual que su padre Michel, rehace con «De latir mi corazón dejó» un policial de James Toback de 1978, «Fingers», siguiendo los pasos de un agente inmobiliario que utiliza las maneras fuertes para desembarazarse de inquilinos molestos o de ocupantes abusivos y que se decide a dejar esta vida por la música y explotar el talento que heredó de su madre pianista.

Ayudado por un excelente
Romain Duris que carga de nervios a su personaje, Audiard traza un retrato de la especulación rapaz que azota a las grandes metrópolis y muestra a uno de los verdugos que se convierte en víctima de sus propios manejos. Menos acertado que «Sur mes lêvres», su penúltimo filme, «De latir mi corazón dejó» confirma el talento de narrador de leyendas metropolitanas que Audiard se ha ganado en el cine francés.

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