Los desencantados personajes de esta película son estudiantes de cine que llegan, desde distintas provincias, a tomar su educación parisiense: a la rebeldía habitual se suma, en el caso de ellos, el desprecio hacia la “traición” de sus mayores, aquellos que hicieron el Mayo del 68, el “prohibido prohibir” y el cine de la Nouvelle Vague, y más tarde se pasaron a las filas enemigas de los buenos burgueses.
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Provinciales. Los protagonistas del film de Jean-Paul Civeyrac-
Seguramente ese desencanto es el mismo del director, Jean-Paul Civeyrac, que a pesar de ser de algunas generaciones posteriores a las de aquellos tiempos (hoy tiene 57 años, aunque el film lo rodó hace 5) comparte indignación a la par que nostalgia, de allí que su film haya sido rodado en blanco y negro, como tantas veces lo hacía Godard aunque aún ya existiera el color, o Jean Eustache en otro clásico de la época, “La maman et la putain”.
Sus protagonistas son Étienne (Andranic Manet, más melancólico que el Antoine Doinel de Jean-Pierre Léaud en los films de Truffaut, pero más ganador con las mujeres); Mathias (Corentin Fila, el cinéfilo más agresivo aunque de corazón tierno si se compara con algunas réplicas del Bafici), y Jean-Noël (Gonzague Van Bervesselès, el homosexual enamorado en vano de Étienne).
Ellos actúan como actuaban los personajes de Godard: citan autores, filósofos y cineastas (en este caso, con especial predilección por directores disidentes en la era soviética), aunque con una diferencia básica: lo que en la Nouvelle Vague era expresión de libertad, o búsqueda de sentido a través de la arbitrariedad de la cita, aquí es todo lógico, estrictamente cartesiano: las citas explican lo que les ocurre a ellos, empezando por el título original del film, “Mes provinciales”, que alude a ser estudiantes de provincia pero que es también el título de una obra de Pascal en la que el filósofo arremete contra la hipocresía de los jesuitas: “la mentira es lícita siempre que no intentemos engañar a Dios”, explica Étienne, para autodefinir su conducta para los demás y para con él mismo (en el lugar de Dios, desde ya La contradictoria moraleja podría ser: si nuestros mayores nos traicionaron, nos vengaremos de ellos con una lógica clásica, pre-godardiana aunque naveguemos sus mismas aguas y empleemos sus mismas armas.
Dirigida casi exclusivamente a un público cinéfilo, que disfrutará cada una de sus citas y alusiones, la película está espléndidamente fotografiada y tiene actuaciones que recuerdan, también, a una lejana época del cine francés de vanguardia. No es poco en estos tiempos de Marvel.
“Una educación parisina” (“Mes provinciales”, Francia, 2018). Dir.: J.-P. Civeyrac. Int.: A. Manet, G. Van Bervesselès, C. Fila.


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