La stripper y el diputado: la muerte de una bañista que hizo historia

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Su aventura con el legislador demócrata de Arkansas, Wilbur Daigh Mills, fue centro de la prensa amarilla en 1974 en EE.UU. Tres años después filmó en la Argentina "Hay que parar la delantera".

Días atrás, The Washington Post evocó la historia de aquella stripper que una noche de octubre de 1974 se tiró a nadar en el venerable lago Tidal Basin, de Washington, justo frente al Thomas Jefferson Memorial. Venía del cabaret con un cliente de lujo, ambos borrachos y haciendo zigzag con el auto, las luces apagadas, y cuando la policía los detuvo ella se fue a dar un baño dejando que el otro se ocupe de la multa. Y el otro era nada menos que un diputado nacional, exjuez, sesentón, casado, y a quien le faltaban apenas dos meses para jugarse la reelección.

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Ella era Fanne Foxe, antes Annabelle Battistela, bailarina exótica, exseñora de Battistela, madre de tres hijos, nacida como Annabel Edith Villagra en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Aquel chapuzón le dio, a los 38 años, cinco minutos de fama. La invitaron a programas de chimentos, escribió “The Stripper and the Congressman”, memorias horizontales, filmó el bizarro “Posse from Heaven”, el documental amarillista “This is America” y la picaresca “Hay que parar la delantera”, su regreso más o menos triunfal a la Argentina.

En esa película, ella y otras señoritas pretendían sabotear el nivel físico del Seleccionado Nacional. Eran ellas Jorgelina Aranda (una de las más notorias secretarias de Roberto Galán en “Si lo sabe cante”), Marcela López Rey, Erika Wallner, la inglesa Lynn Allison y la mexicana Susana Kamini. Con el sí fácil, Julio De Grazia, director técnico; Rudy Chernicoff, que debutaba en el cine; Julio López (el flaco de “La Tuerca”), Gino Renni, Caligula, Raúl Riccuti, Alberto Anchart, Juan Carlos Galván, Jaimito Cohen. A señalar, el partido Argentina vs. Cocoa del Norte en cancha de Huracán. El personaje de Foxe, la “directora táctica” del equipo de saboteadoras, tenía el sutil nombre de Vulva Taras, y era “apátrida, insaciable, mercenaria y frígida”.

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Rafael Cohen, su productor, director y guionista (sobre idea de Mario Mactas y Carlos Ulanovsky, quienes suelen olvidarla como antecedente en sus respectivas biografías), tuvo problemas con la censura, que exigió poner como título “Hay que parar a la delantera”, y luego, ya en democracia, con el entonces INC, que le negó derechos de recuperación por tratarse de una película de bajo nivel artístico. A la larga se impuso Cohen, las dos veces.

En 1980 Fanne Foxe pasó a ser Annabel Montgomery, esposa de un empresario de Clearwater, Florida. Con él tuvo una hija, estudió, logró dos títulos universitarios, en Ciencias Marinas y Administración de Empresas, y días atrás murió a los 84 años cumplidos y vividos. ¿Pero quién era el diputado que la acompañaba aquella noche (y otras cuantas más)? Se llamaba Wilbur Daigh Mills, demócrata, 65 años al momento de los hechos, y representaba a Arkansas desde 1939. Lo elegían y volvían a elegirlo. Se le reconoce haber diseñado el Medicare, el Seguro Social por discapacidad y por desempleo, también el Seguro para Agricultores, mejoras en las pensiones, los impuestos y las carreteras, y otras medidas favorables al grueso del electorado. El bochorno con la nudista le hizo perder prestigio, pero igual ganó su reelección. Ni siquiera perdió a su esposa. A fin de cuentas, pobre mujer, lo venía aguantando desde 1934. Ella hizo como la mujer de Earl Long, el gobernador de Louisiana que andaba en públicos amores con la artista de varieté Blaze Starr. O como la mujer de Bill Clinton, sin ir más lejos.

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Reelegido, Wilbur Mills, diseñó su último gran proyecto social: un seguro médico universal para todos los estadounidenses. Lo presentó en el Congreso y perdió, por supuesto. Ahí, cansado, decidió retirarse de la política y dedicarse a las campañas contra el alcohol y las drogas, presentándose como lo que era en ese momento: un buen ejemplo de recuperación. Hoy una carretera, una escuela secundaria, un edificio de Ciencias Sociales, un centro de rehabilitación y dos cátedras de la Facultad de Medicina de Arkansas llevan su nombre. En cambio la stripper argentina, que le dio fama mundial, ni siquiera tiene un cartelito junto al lago que diga: “Aquí se bañó Fanne Foxe”. Siempre la injusticia con las mujeres.

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