La tercera "Upa", entre lo más destacado del Bafici

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También se vio "Crónica de un exilio", sobre el cineasta Octavio Getino.

Según Leo Sala, crítico y humorista de mejores tiempos, toda trilogía oculta en el fondo una tetralogía. Así parece confirmarlo “UPA! Una Pandemia Argentina”, que Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker presentaron este año en el Bafici. Se trata del tercer “tomo” de la historia que empezó en 2007 con “UPA, Una Película Argentina”, bromeando sobre las histerias, ilusiones e iluminaciones de cierto cine independiente local; siguió en 2015 con “UPA 2, El Regreso” y remata ahora con este “UPA 3” que (acá está el detalle) se divide en “Lado A”, de 100 minutos, y “Lado B”, de 61, que es, prácticamente, una cuarta película, espejo singular del espíritu jocoso y quejoso de las anteriores, y del cine en general.

Para mayor regocijo, junto a los autores también actúan el productor (y comentarista del Oscar desde la alfombra roja) Axel Kuschevatzky, el exitoso director de cine comercial Ariel Winograd y otras figuras conocidas. Inteligentes, los autores no solo hicieron algo bueno, sino que además lo precalentaron con una plataforma (“upa!saga”) donde pueden verse los títulos anteriores remasterizados y con bonus. Y como si esto fuera poco, cada uno presenta otra película en el Festival. Una lástima, el poco público que puede festejarlos “en vivo”.

Asuntos más serios aparecen en “Una casa sin cortinas”, de Julián Troksberg, y “Crónicas de un exilio”, de Micaela Montes Rojas y Pablo Guallar, dos buenos documentales centrados en los ’70, con material de archivo bien utilizado y abundancia de testimonios. Sobre ambos trabajos corresponde profundizar, también polemizar, cuando se estrenen. El primero indaga objetivamente en el paso de Isabel Perón por la política argentina, y en los pasos ocultos de su retiro. De ella hablan con odio una actual diputada, con respeto varios testigos, su abogado y su asesor financiero, y con piedad y cariño las señoras que la sirvieron durante su larga detención, y un buen amigo que la acompaña al cine. “Le gusta Woody Allen”, dice. Ella solo envía una breve y atenta misiva.

El otro evoca parte de la vida de Octavio Getino, coautor de “La hora de los hornos” y único director del Ente de Calificación que no prohibió una sola película, razón por la cual lo llevaron a juicio. La película se hilvana con la correspondencia entre él, su segunda esposa y sus pequeñas hijas, y con valiosas grabaciones suyas, de su hermana y de las hijas en la actualidad, que hacen memoria y balance de lo que entonces, siendo niñas, apenas entendían. Interviene ahí el hijo menor, disidente: “Para mí, el héroe de esta historia fue mamá, que se quedó y tuvo que criarnos a los cuatro ella sola”. Por supuesto, no es la única mujer incomprendida en este Festival. Se recomienda, al respecto, el dibujito de la brasileña Grace Luzzi “De onde vem os dragoes”, o cómo calmar a una esposa y madre cuando se ve sobrepasada y se enfurece (Sección Superhéroes).

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