Muertes en familia y otras intrigas en “La ira de Dios”

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Diálogo con su realizador, Sebastián Schindel, que estrena hoy su nueva película a través de Netflix.

“Las plataformas aceleraron el crecimiento y son fuente no sólo de financiación sino de exhibición, en un contexto en que tristemente el público en cines es bajo y no está volviendo a las salas. Películas buenas e importantes en otros tiempos habrían funcionado mejor que ahora”, dice Sebastián Schindel, director de la película “La ira de Dios”, que estrena hoy Netflix con actuaciones de Diego Peretti, Juan Minujin y Macarena Achaga, basada en la novela de Guillermo Martínez, “La muerte lenta de Luciana B”.

La historia gira en torno al triángulo que conforman un misterioso y prolífico escritor (Peretti), una estudiante (Achaga) quien colabora con él en la escritura de su última novela y es víctima de un espiral de muertes atroces en su familia y un periodista (Minujín) quien la ayuda a descubrir la verdad. Dialogamos con Schindel, prolífico director de “El patrón”, “El hijo” y “Crímenes de familia”.

Periodista: ¿Cómo encaró el pasaje a imagen de la novela?

Sebatián Schindel: Leí todo lo de este escritor y hay algo de los conflictos, las vacilaciones, las dudas y esa energía subtearránea entre párrafos que me atrapó y por eso peleé mucho para conseguirla. En el momento de adaptarla intenté volver a esas sensaciones para intentar traducir la esencia al guión y pantalla. La adaptación audiovisual no es una traducción literal de un lenguaje al otro, es una nueva obra basada en la novela, respetando su impronta. Martínez era el espectador más importante para mi, muchas veces no estuvimos de acuerdo en el proceso y le dije que confiara, y confió.

P.: En el film hay una sucesión truculenta de muertes, como el modus operandi de un psicópata o el asesino serial pero, ¿hay algo de eso?

S.S.: Me preocupé para que no se acumularan muertes en determinado sector de la película, pero la realidad es que el personaje de Luciana pierde tres familiares a lo largo de diez años. Esto se anticipa muy al comienzo de la película no es spoiler. Intenté reiterar la propuesta que hay en la novela de que cada muerte fuera un poco más violenta y espectacular que la anterior, hay un in crescendo de la violencia. También está la búsqueda de cómo cada muerte corresponde a un elemento de la naturaleza, agua, fuego, aire.

P.: La tensión se mantiene para llegar a la vuelta de tuerca final.

S.S.: Hay trucos como director y guionista. Trabajo siempre el camino de la adaptación haciendo quiebres temporales, esos saltos, y la no linealidad, son parte del desafío de la adaptación y me sirven para sembrar y mantener la intriga. La novela está dividida en tres grandes partes, dos largas conversaciones y un descenlace. Es algo muy poco cinematográfico por ende convierto charlas en hechos del pasado, voy y vengo, dosifico información, que en cada escena se resignifique lo que ya se vio. Que el espectador dude de a quién le cree, además son tres personajes complejos, oscuros, con cosas que los avergüenzan y que tienen un costado siniestro. Y eso hay que descubrirlo hasta que todos descubren a todos.

P.: La película tiene un clima de otros tiempos, ¿qué buscó?

S.S.: Presenta un juego con lo atemporal, transcurre en un presente indefinido y se permite que los protagonistas tengan smartphones y haya una redacción de diario como las de antes, donde buscan con microfilms en el archivo. Ven una entrevista grabada en un casete Betacam. Y hay muchas cuestiones estéticas que dan clima de policial negro que es más de otra época. Entonces las locaciones generan ese ánimo, con pequeños elementos distorsivos, como un teléfono de línea con el cordón, que transportan como a un mundo de fantasía. Si bien alguien filma con celular, tiene también teléfono de línea en el escritorio, algo que está corrido de la realidad. El presente siempre es de noche y llueve, para eso usamos unos ventiladores gigantes que generaran ese clima de Buenos Aires gótica.

P.: ¿Trabaja mucho con los actores?

S.S.: Siempre me gusta tener bien construidos a los personajes, todo charlado y consensuado, que tengan claro desde dónde construir, pero nunca hay tanto tiempo. A algunos les gusta ensayar más, a otros menos. Yo soy muy del set, si siento que la escena no está, se hace hasta que se salga. El trío protagónico tiene todas escenas dificilísimas, y los secundarios muchos vienen del under, como Lisandro Fiks como el fiscal, Silvia Villazur como la casera o Silvina Sabater como la abogada.

P.: ¿Cómo ve la industria de cine local?

S.S.: Creo que hay producción rica en todos los géneros, terror, policial, comedias románticas, cine de autor, es variado. Pese a los problemas que trajo la pandemia, la producción está muy viva. Las plataformas abren a distintos públicos, que presentan carácter polarizado. Extraño mucho las salas pero la posibilidad de que se vean los productos está en las plataformas. Y desde luego que uno hace películas para que las vea alguien; si no, no tiene sentido.

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