Cine y pandemia: los pronósticos para un arte que nunca será igual

Espectáculos

El número de salas se reducirá y la producción buscará riesgo cero: mucho film de superhéroes.

La nueva ola de la pandemia contra la que las autoridades nacionales y provinciales están tomando medidas que, en principio, sólo afectarían la nocturnidad, es un nuevo argumento para que la exhibición cinematgráfica en el país, y también la distribución con la que está interrelacionada, continúen sin siquiera imaginar la fecha de una reapertura. Aun cuando el futuro parecía más promisiorio, con la llegada de la vacuna y el descenso de la curva, las salas de cine continuaban cerradas, con algunas pocas excepciones como Jujuy y Entre Ríos, aunque escasamente relevantes en el promedio nacional.

A diferencia del teatro, que hasta desde el punto de vista político y social necesitaba reabrir inclusive a pérdida, los empresarios del cine, en su mayoría representantes de multinacionales estadounidenses en crisis desde marzo del año pasado, no comparten ese propósito. Es más rentable no pagar alquiler a los shopping cuando el negocio del candy, el único lucrativo en este sector, se ve imposibilitado por un protocolo de barbijo y boca cerrada durante toda la película.

¿Pero qué pasa en el mundo? De acuerdo con diversas fuentes de Hollywood, 2020 marcó un cisma similar al de 1929 (fin del mudo y principio del sonoro), 1949 (aparición de la televisión como competencia), y 1979 (surgimiento del videocassette hogareño). El cable y otras plataformas también tuvieron su efecto, aunque -dicen esos observadores- la pandemia del covid-19 puede ser la mayor desde los tiempos de “El cantor de jazz”.

Otra de las consecuencias irreversibles de la pandemia es la desaparición del concepto de “ventana”, que se mantenía vigente en la industria desde la aparición del VHS. La “ventana” era el período que debía mediar entre el estreno de una película en cine y su edición en video hogareño, y más tarde su pase por televisión. Todos ellos son factores del siglo anterior. El promedio era de unos 3 meses, cuando la expresión “Sólo en cines” le avisaba al espectador que no tenía otra forma de ver una película nueva más que en las salas. Esta modificación rompió uno de los pactos más firmes de Hollywood del siglo pasado, el del estudio de cine con el exhibidor. Los estudios, empezando por Warner, que dio el primer paso cuando anunció hace menos de un mes que toda su producción 2021 saldría simultáneamente en cines y plataformas, demostraron que ante circunstancias tan adversas como la que planteó el covid-19, ninguna lealtad era lo suficientemente duradera si amenazaba la continuidad del negocio. El show debe continuar, dijeron tácitamente los estudios, caiga quien caiga.

Paralelamente a esto, es una realidad que las grandes cadenas de cine que sobrevivan tendrán muchas menos salas que en sus momentos de esplendor. Lo que se avizora es que el futuro de la exhibición de cine será el de la sala gourmet, especializada en un tipo de cine arte para un sector minoritario de público al que no satisface la oferta de plataformas (y que insiste en ver “cine en el cine”), y contrariamente el de la sala al estilo IMAX, donde los efectos especiales y la espectacularidad de la proyección no pueda ser igualada ni por los mejores equipos home theaters. Pero, lógicamente, también no serán masivas, sino limitadas como las de los parques temáticos.

Hollywood, ante esta nueva realidad (antes de convertirse en nueva normalidad), también asume que los mercados extranjeros serán menos dependientes. China ha demostrado, en el segundo semestre de 2020, que su producción local superó largamente algunos tanques estadounidenses. Se espera que esto se repita en otros territorios, con lo cual las recaudaciones de un film hollywoodense caerían en picada. Para paliar ese efecto, se prevé que habrá más oferta de películas de menor riesgo comercial, aunque mayor presupuesto, como las de superhéroes. Malos tiempos para el cine destinado a adultos. Si bien hubo algunas protestas de directores, como Christopher Nolan, no parece que eso vaya a preocupar demasiado a los estudios de cine. Los directores dependen del estudio para financiar sus películas.

Finalmente, lo que se prevé como operación comercial más frecuente del año, son las adquisiciones o fusiones entre compañías que no puedan enfrentar un futuro con un grado de incertidumbre tal donde ni se sabe ya el precio de un “pase” para ver una película en una plataforma, precio que el año pasado osciló entre los 4 y los 30 dólares. Algunos rumores, durante el año pasado, consignaron que Amazon había hecho una oferta por la más importante cadena de cine de los EE.UU., AMC, aunque luego no se concretó.

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