27 de marzo 2007 - 00:00

Coixet: de Cortázar a Philip Roth

Isabel Coixetfilma enCanadá unanovela dePhilip Roth.Actualmente,puede verse deella en laArgentina unode los mejorescapítulos delfilm colectivo«Paris, jet’aime».
Isabel Coixet filma en Canadá una novela de Philip Roth. Actualmente, puede verse de ella en la Argentina uno de los mejores capítulos del film colectivo «Paris, je t’aime».
"En un país como los Estados Unidos, donde uno de sus ex presidentes dijo que el sexo oral no es sexo, la existencia de un escritor como Philip Roth, con una obra tan directa y honesta, es casi una necesidad social" dice a este diario la directora catalana Isabel Coixet desde Vancouver, del otro lado del teléfono.

Coixet, cuyos primeros films nacieron gracias al impulso de Pedro y Agustín Almodóvar a través de la productora El Deseo, como «Mi vida sin mí», está rodando en estos días en Canadá una de las últimas novelas de Roth, «The Dying Animal» («El animal moribundo»), que en el cine cambiará su título por el de «Elegy/Elegía». Por primera vez Coixet, también realizadora de la extraordinaria «La vida secreta de las palabras», tan desatendida por la distribuidora «major» que la estrenó a los apurones el año pasado en la Argentina, dirige a Penélope Cruz, cuya aureola en el cine norteamericano se vio reforzada gracias a su papel en «Volver».

Junto con ella aparece Ben Kingsley, en el papel de un maduro y reprimido profesor universitario, cuya existencia se trastorna cuando entra en contacto con la estudiante avanzada que interpreta Cruz. Coixet, que filma en estos días las primeras escenas, mantiene la misma costumbre que en sus títulos anteriores: rodar en inglés.

«Yo me había propuesto elegir siempre mis historias, pero en este caso no había razones para oponerme a lo que me ofrecían: ese vínculo enfermizo, pasional, entre el profesor y la alumna, fue desarrollado por Philip Roth de una manera visceral, apasionante. El poder de la carne es siempre importante, y Roth es un 'salido', tal vez sea el mejor escritor norteamericanopara tratarlo. Y lo mejor es que no le pide disculpas a nadie por ser un 'salido'».

Cuando se le pregunta por su método de trabajo para llevar esta novela al cine, Coixet responde que el autor ha trabajado muy estrechamente en la adaptación, y que por el momento se muestra muy de acuerdo en cómo van saliendo las cosas. «Ahora bien, una vez que la estrene, hablará pestes de la película, no tengo ninguna duda». «¿Y por qué es eso?» «Porque así es Roth, un ' salido'; si no, no sería Roth. Pero ya lo sé, y no me preocupa. Se 'cargará' la película».

Coixet, en «La vida secreta de las palabras», relataba la historia de un amor impracticable: una muchacha sorda (Sarah Polley), con traumas de guerra (Sarajevo), que en su papel de enfermera improvisada curaba las heridas de un obrero (Tim Robbins), que había quedado temporalmente ciego en un accidente ocurrido en una plataforma petrolífera. Allí empleó como base un cuento de Julio Cortázar, «La señorita Cora», y el film tuvo tanto éxito en España que provocó la reedición de los cuentos integrales del autor argentino.

Actualmente, en nuestro país se puede ver un pequeño film de Coixet, de sólo cinco minutos, en la película colectiva «Paris, je t'aime», compuesta por cortometrajes de 18 realizadores de las más distintas procedencias y estilos. «Bastille», el que firma ella, protagonizado por Sergio Castellitto y Miranda Richardson, es uno de los más lúcidos.

Se trata de una brevísima historia de amor: un hombre, cansado de la vida conyugal y amante de una mujer más joven, no se atreve a plantearle el divorcio a su esposa. Cuando al fin junta coraje y decide hacerlo, ella se le anticipa diciéndole que tiene algo que comunicarle: acaban de diagnosticarle una enfermedad terminal. El hombre deja a su amante, cuida amorosamente a su esposa hasta los últimos momentos, y después de su muerte se muestra incapaz de amar a otra mujer.

Cuando se le dice que el asunto de ese corto podría dar lugar a un largometraje, ya que tiene un fondo del que carecen muchos de los anodinas películas actuales, Coixet ríe: «Pues no lo sé. Cuando me propusieron la participación en esta película supe que iba a ser esa la historia que filmaría. Creo que en cinco minutos me puedo permitir mostrar la forma en que me gustaría que fueran las cosas, y no las cosas como son. El cine es eso: alcanzar un imposible. Me pesaba mucho la imagen de ese gabán rojo con el que él alucina el rostro de su mujer muerta en los rostros de otras mujeres que usan un gabán similar. Y, desde ya, filmar en ese restaurante de París significaba mucho para mí, me sobrevolaba el fantasma de Truffaut, y en especial una película como 'La mujer de la próxima puerta'».

Coixet se extiende más sobre el ambiente de ese restaurante: «Muchas veces paré en ese restaurante porque me cautivaba su atmósfera. Suele haber más gente solitaria que parejas o grupos. Es un lugar muy especial en Bastilla. Y fantaseaba mucho sobre las vidas de cada una de esas personas cuando iba allí. La historia de este corto la concebí justamente en ese restaurante».

Sobre el elenco, destaca especialmente a Sergio Castellitto, director e intérprete de una película vista el año pasado en la Argentina, «Un loco amor». «Creo que en la actual generación de actores italianos, país que ha quedado tan huérfano de estrellas en comparación con los años 60 por ejemplo, Sergio es el único al que hoy puede considerarse como un digno heredero de Marcello Mastroianni».

Si «La vida secreta de las palabras», al igual que la mayor parte de sus películas -incluyendo el corto de «Paris, je t'aime»-, llevaban como protagonistas a integrantes de parejas poco convencionales, parejas cuya unión suele ser la reunión de dos solitarios con, en el mejor de los casos, unos pocos puntos de conexión, Coixet reconoce que el film que está rodando ahora no le escapa, aun desde su propio mundo, a esa misma constante.

Antes de despedirse, acota: «No sé si será por mi estado de ánimo particular de hoy, pero creo cada vez más que el amor es un simulacro. No una mentira, sino eso... un simulacro. Nacemos solos y morimos solos. Esa es nuestra condición. Por fortuna, en el medio, suelen existir esos bellísimos simulacros. Mi cine es la historia de esos simulacros».

Entrevista de Marcelo Zapata

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