6 de septiembre 2007 - 00:00

Comedia que hace reír sólo a sus actores

Una de laspruebas a lasque someteel reverendoRobinWilliams a losenamoradosMandy Moorey JohnKrasinski en«Licenciaparacasarse»,una comediafallida deprincipio a fin.
Una de las pruebas a las que somete el reverendo Robin Williams a los enamorados Mandy Moore y John Krasinski en «Licencia para casarse», una comedia fallida de principio a fin.
«Licencia para casarse» (License to Wed, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: K. Kwapis. Guión: K. Barker, T. Rasmussen, V. Di Meglio. Int.: R. Williams, M. Moore, J. Krasinski, E. C.Olsen, C. Taylor, J. Flitter.

Que esta fallida comedia se estrene comercialmente, habiendo tantos buenos films sin ese privilegio, se debe indudablemente a que en el elenco está Robin Williams, quien a juzgar por los forzados bloopers que acompañan los créditos finales, hizo reír mucho más a sus compañeros en el rodaje que luego a los espectadores en los cines.

Las primeras escenas, donde John Krasinski (un actor que se empeña en gesticular como Jim Carrey con los resultados esperables) flecha incomprensiblemente a Mandy Moore (una actriz «encantadora» de tiempo completo, a fuerza de mohines, risitas y gorgeos), hacen que hasta los más fanatizados detractores de Williams se ilusionen con su entrada en escena. Error. No bien aparece -precedido por un niño obeso vestido de traje que habla como adulto- se comprende que el reverendo Frank de Williams será un catálogo de lo peor de este comediante, incluyendo las imitaciones que viene fatigando desdeque tenemos memoria de él. Además de gracia, al religiosoque eligió Mandy Moore para celebrar su boda con Krasinski, le falta un tornillo. No sólo impone un pesadillesco régimen a los enamorados en el curso prematrimonial de su invención (ensayar insultos, guiar al otro mientras conduce un auto con los ojos vendados, cuidar de unos horrendos robotitos, que berrean y ensucian los pañales) sino que les mete un micrófono en el dormitorio para intervenir en caso de tentación (el sexo está vedado), etcétera.

Así contado hasta parece ingenioso, pero lo cierto es que nada de esto causa el efecto buscado casi con desesperación, salvo algún que otro gag provocado por los bebésrobots; jamás por los actores.

Claro que ellos no tienen la culpa de un guión perpetrado a seis manos y mucho menos del director que les tocó en suerte: Ken Kwapis, cuya larga trayectoria televisiva (dirigió episodios de la serie «The Office», por ejemplo) no le ha servido siquiera para imitar las sit com que lo calificaron para ser llamado a debutar en Hollywood.

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