«Pecado original» («Original Sin», EE.UU., 2001, habl. en inglés) Dir.: M. Cristofer. Int.: A. Banderas, A. Jolie, T. Jane, Jack Thompson, A. Mackie. PM/13.
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Hacer remakes de films de los mejores directores de la historia del cine no parece muy recomendable, pero eso no es algo que vaya a intimidar a un productor actual. Al menos a favor del proyecto «Pecado original» se pueden decir dos cosas: la versión original de la novela de Cornel Woolrich filmada por François Truffaut en 1969 como «La sirena del Mississippi» no fue la más lograda ni es la más recordada de las películas del hombre clave de la nouvelle vague.
Por otro lado, si bien hay que tener cara de mármol para reemplazar a Catherine Denueve y Jean-Paul Belmondo con Antonio Banderas y Angelina Jolie, al menos la moción parece haber partido de la vieja y eficaz estrategia de producción del Hollywood clásico, «compre los derechos de un buen libro, contrate una pareja protagónica popular, y tendrá un éxito comercial casi seguro».
El director y guionista de «Pecado original» debe ser recordado como el autor de genialidades tales como copiar la escena de «Hombre mirando al sudeste» de Subiela en la que Hugo Soto le roba la batuta a un director de orquesta y logra que el público baile con la Novena Sinfonía de Beethoven.Michael Cristopfer le dio la batuta a Richard Gere en «Mr. Jones», y como no recibió castigo alguno por este pecadillo, ahora no tuvo el más mínimo temor en meterse con Cornel Woolrich y Truffaut convirtiendo en culebrón de erotismo softcore y dudosos diálogos cursis un argumento fascinante, ideal para una historia de amor loco (es decir, «La sirena del Mississippi») o un melodrama gótico al estilo del Hollywood de los '40, con sus Rebecas, Luces de Gas, Experimentos Peligrosos y Signos de Capricornio.
Banderas es un empresario de la Cuba de hace un siglo atrás, que dice «El amor es sólo para los que creen en él», mientras espera una novia por correspondencia que no debe ser demasiado sexy, ni tampoco conocer su holgada posición económica. Como la mujer que se baja del barco es Angelina Jolie, no hace falta explicar que al novio se le complica un poco el panorama. Ni las escenas eróticas con distintas posiciones unidas por fundidos encadenados, ni el abuso de gran angular y los efectos digitales en el montaje no mejoran las cosas en lo formal, y los 120 minutos de metraje tampoco ayudan.
Como entretenimiento levemente kitsch es pasable, sobre todo gracias al despliegue de producción -en vestuario y decorados-y los momentos en los que la trama de Woolrich asoma entre los alardes estilísticos del realizador.
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