"Como mariposas en la luz"

Espectáculos

«Como mariposas en la luz» (Argentina-España, 2006, habl. en español y catalán). Guión y dir.: D. Yaker. Int.: L. Ferraro, J. Viton, C. Brondo, P. Novoa, L. Catalano, A. Pozzobon, D. Coelho.

Es coherente que la primera película que se haya hecho dentro del Proyecto Raíces de coproducciones con nuestras madres España e Italia, sea la obra que ahora vemos, centrada en los problemas de la emigración. Muy coherente, además, y fuerte, que se haya filmado en uno de los puntos neurálgicos del asunto: Mar del Plata, ayer tierra prometida de miles de italianos, hoy centro de expulsión de sus nietos, que en muchos casos, curiosamente, no llegan hasta la tierra de sus mayores, sino que se quedan un poco más acá, en Barcelona.

Dicen que los monumentos a Colón que hay en cada una de esas ciudades se miran mutuamente. En todo caso, se trata de ciudades portuarias, con playas, riqueza cultural, futuro. Sólo que el futuro de acá se quedó atrás, empantanado. De eso habla esta obra, a través de las andanzas de un chico que deja un lugar donde no tiene trabajo, por otro donde no tiene papeles (y tampoco tiene otras cosas, incluyendo trabajo decente).

La primera parte transcurre acá. El chico (Lucas Ferraro) que ya anda con la camiseta del Barça, el padre que quisiera reflotar un viejo pesquero, las mujeres que lo quieren, los amigos, el barrio, la lucha paralela de quienes insisten en reabrir su flaca fuente de trabajo. Sobre esto último, ciertas escenas están relativamente logradas, pero pegan bien. La segunda parte cierra mejor, quizá porque la denuncia social se mezcla adecuadamente con la aventura, la picardía, las situaciones de riesgo, los toques de color, las puntas melancólicas y hasta el romance (la bonita Cristina Brondo, vista en «Las muñecas rusas» y «Entre las piernas»). El final es preciso, el conjunto es sensible y vigoroso, y las cosas se dicen sin pelos en la lengua, incluyendo abusos de una y otra parte (siempre hay un argentino ventajero, como también hay contratistas literalmente negreros, según se muestra en la escena donde un chino tiene encerrados a los jornaleros africanos, a los que además ha quitado de sus documentos).

Por supuesto, la obra tiene sus defectos, lógicos, además, tratándosede un director debutante, pero, menos mal, no son defectos por abuso de estilo. Al contrario, el autor quiso hacer algo simple, directo, de asunto reconocible, sin más formalismo que alguna metáfora ocasional, y lo ha logrado. llega a su público, a ambos lados del mar (aparte, pequeña anécdota, aún está fresco el recuerdo de una mujer que, cuando la premiere en Mar del Plata, tomó el micrófono y simplemente dijo « espero que mi hijo me escriba la verdad y no esté pasando lo mismo que el chico de la película»).

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