16 de julio 2001 - 00:00

Confrontan Barcelona y Buenos Aires sus políticas culturales

(13/07/2001) Barcelona - Buenos Aires mira a Barcelona. No sólo ha participado en el Festival Grec como ciudad invitada sino que el secretario de Cultura porteño, Jorge Telerman, se reunió con su par de Barcelona, Ferrán Mascarell, y, comida mediante, intercambiaron ideas que Telerman busca importar para la ciudad.

Algunas de ellas están contenidas en el plan estratégico denominado «Buenos Aires Crea» que tiene aspectos similares al de la ciudad catalana. Hasta recibe el asesoramiento de un español, el consultor Joseph Chias. Ambito Financiero dialogó con ambos sobre los aciertos y críticas que se hacen al plan, la gestión cultural en ambas ciudades, el presupuesto para la cultura y, no pudo eludirse el conflicto del Colón.

Periodista: En la Argentina se habla de roces entre la gestión de cultura nacional y la porteña, ¿ocurre lo mismo en España?

Jorge Telerman: No hay tensiones internas por espacios de poder, pero no niego mi deseo de que el Estado nacional estuviera mejor y aportara para hacer emprendimientos sustanciales. La ciudad tiene un sólido presupuesto que este año fue de 150 millones, y cuenta con una sólida actividad cultural. No sufrimos competencia y, además, es lógico que la administración nacional desarrolle su actividad fuera de Buenos Aires porque debe intervenir en el resto del país. Nos parece justo que lleven espectáculos a Ushuaia, Tilcara y otras ciudades del interior.

Ferrán Mascarell: En relación a nuestro país, las tensiones que existen son por la histórica puja entre Barcelona y Madrid. El Estado aporta una suma que nosotros consideramos insuficiente y creemos que se privilegia a Madrid. Las grandes instituciones se quedan con el presupuesto que proviene de los impuestos de todos los españoles y Madrid concentra gran parte de esa torta. Cataluña recibe menos, aunque es dinero que aportamos entre todos. Sin embargo, si no existiera esa discusión entre madrileños y catalanes, no seríamos lo que somos.

P.: ¿En qué se asemejan el plan estratégico de Barcelona y el «Buenos Aires Crea», que se presentó hace un mes?

J.T.: Las bases de nuestro plan miran a Barcelona. Contempla rasgos similares como la descentralización y el plan de reestructuración urbano, entre otras cosas, es decir que tomamos los elementos donde la planificación de la política cultural de Barcelona fue más eficaz.

P.: Y hasta los asesora un español.

J.T.: Sí, pero lo que más hemos mirado fue cómo las políticas culturales están pensadas con intención de integrar al artista como reconstructor del tejido de la ciudad.

F.M.: Es preciso tener presentes a todos los creadores, entendidos como innovadores, y eso va más allá de la creación teatral o pictórica. Nos propusimos incluir en el proceso a los departamentos universitarios que innovan, y no sólo en literatura o humanidades, sino en las áreas científicas y matemáticas.

P.: ¿Qué papel cumplen las empresas en la producción cultural?

F.M.: Hay que entender que la cultura no es sólo aquello que emana de lo público, sino que hay que dar espacio a las entidades no públicas con voluntad de hacer cosas que no sean basura. Qué es y qué no es basura, eso lo determinamos nosotros, para eso nos han elegido y si lo deter-minamos mal, pues la próxima no nos votarán. Pero hay que conseguir integrar a las empresas que fabrican coches, por ejemplo, y tienen además un interés en el fomento de la cultura.

P.: Si no tienen ese interés ¿se rechaza su apoyo como auspiciantes?

F.M.: Nosotros escogemos aquello que implique el bien común, siempre según nuestras consideraciones y tenemos el derecho a decir no a una empresa. Ocurre que las compañías perciben ingresos y buscan incrementarlos, nosotros cobramos un salario que no se modifica por realizar o no un servicio.

J.T.: En nuestra ciudad estamos un paso atrás con respecto a la cooperación con las empresas. Creo que la manera de convocar al sector privado no es sólo como un sponsor, sino como difusor de actividades culturales.

P.: ¿Cómo sigue el plan estratégico?

J.T.: Las conclusiones estarán para fines de setiembre, ya que entre octubre y noviembre se discute el presupuesto. Planteará la idea de ciudad para 2010 y, estoy convencido de que el crecimiento de la ciudad va acompañado de un desarrollo de la cultura. Hay sobrados ejemplos de ello, como Barcelona.

F.M.: El crecimiento de esta ciudad, responde en 80% a su desarrollo propio y 20% restante al crecimiento de España. Si no hubiera sido por el impulso desde 1992 de Barcelona como sede olímpica, si no se realizaran festivales, si no existiera el plan Barcelona 2004, entre otras cosas, la ciudad habría crecido, pero no tanto.

P.: ¿Qué alcances concretos tiene el plan?

J.T.: Nos proponemos la rehabilitación de varias zonas, como actualmente la zona sur, el desarrollo de actividades culturales que integren a la mayor cantidad posible de agentes culturales como artistas, productores y empresarios. Eso siempre debe ir acompañado por políticas sociales, educativas y de infraestructura. Sería bueno que esas políticas públicas no cambiaran a medida que cambian las administraciones.

P.: ¿Qué rescató su gestión de la administración anterior?

J.T.: Tomamos la política de festivales, las actividades al aire libre y de espacios públicos, esta última de los tiempos de O'Donnell; mantuvimos y tratamos de incrementar la rehabilitación de los centros culturales. También es bueno que nuestros proyectos formen parte de las políticas de Estado, lo que no significa que el Estado deslinde su responsabilidad dejándonos hacer, sino que cumpla su papel de decisor y ejecutor. La otra salida es «haremos lo que se nos pida», a la cual no adherimos porque nosotros sabemos lo que queremos hacer. Cada secretario considera que su área es crucial, pero sirve para hacer el trabajo de la mejor manera posible.

P.: Su plan ha sido criticado de personalista.

J.T.: La mejor manera de realizar la tarea es teniendo presente el proyecto general de ciudad que queremos. Si estoy al frente, me planteo idear propuestas para tratar de concretarlas. Los proyectos a mediano y largo plazo consisten en descentrar las grandes instituciones y museos. La ciudad de Buenos Aires tiene el presupuesto para desarrollar la cultura, el problema es la distribución de las asignaciones.

P.: ¿Cómo buscan equilibrar esa desigualdad presupuestaria?

J.T.: Educación y museos tiene menos de lo que debería. Habría que equilibrarlos con los presupuestos de los complejos teatrales y del Colón, que son los mejores posicionados. La productividad teatral se ha incrementado, tenemos cifras oficiales, que presentaremos la semana que viene, que verifican que ha aumentado la concurrencia a teatros.

P.: ¿Cómo afrontarán las negociaciones con el Colón?

J.T.: Se hace difícil porque hay conflictos que no se ven y que buscamos poner en evidencia. Habrá un llamado a concurso para llenar las 300 vacantes del Colón e impulsar un nuevo reglamento que incorpore una legislación más moderna que proteja a sus integrantes. El Colón se mueve dentro de los usos y costumbres y no bajo una legislación, que muchos califican de vetusta.

P.: ¿Cuáles son las dificultades en la gestión cultural cuando hay otros conflictos sociales prioritarios?

F.M.: Hay que partir de que la cultura no es un bien suntuario o agregado y entenderla como valor y conocimiento, elemento que se ha vuelto primordial en el desarrollo de las ciudades. Hace 20 años, en Barcelona los planes estratégicos desarrollaban servicios; hoy deben ocuparse del contenido.

J.T.: La gestión cultural no es aquello subsidiario que se puede hacer sólo cuando los aspectos sociales y económicos están cubiertos. Yo diría que es al revés, la actividad cultural aporta a la reactivación económica.

P.: ¿Cómo puede ejemplificar eso?

F.M.: Yo diría que es en el sentido de que la regeneración del espacio público. Mucha gente dice «lo más importante que le ha ocurrido a Barcelona en los últimos años ha sido la apertura al mar», mientras que lo fundamental ha sido la transformación de los espacios, a través de los centros culturales. Desde que París en 1971 demostró que podía regenerar un lugar a partir del Pompidou, las ciudades salieron a pedir a la cultura para que la reflotara. Si una zona se deprime, una buena solución es construir un teatro, abrir un centro cultural y también centros comerciales.

Dejá tu comentario

Te puede interesar