La Extraordinaria muestra del Borges matiza las tragedias bélicas que Robert Capa documentó a lo largo de 22 años cruciales del siglo XX con algunas rarezas como ésta de Ernest Hemingway y su hijo Gregory.
Nacido en Budapest en 1913, a André Friedman se lo recuerda y recordará como Robert Capa, un seudónimo inventado por él y la fotógrafa Gerda Taro. Su nombre está asociado a celebridades de la época, por ejemplo, Hemingway, Malraux, Picasso y colegas como David Seymour y Henri Cartier Bresson con quienes fundaría la famosa agencia Magnum. Cobró fama internacional a partir de su cobertura de la Guerra Civil Española, fue testigo del desembarco de Normandía como corresponsal de la revista «Life» para la que anteriormente había cubierto los bombardeos de Londres, la guerra en el norte de Africa y las operaciones en Italia.
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Hasta aquí una apretada síntesis de sus datos biográficos para pasar a la conmoción que provocan las realistas y descarnadas imágenes tomadas directamente, un testimonio visual de la fotografía de guerra y sus consecuencias sobre la población civil. El recorrido por esta extraordinaria exposición vincula, como lo señala su curadora, Virginia Fabri, «con la historia de un hombre con espíritu aventurero, un hombre decidido, un jugador, un humanista».
Ser parte de la acción era su objetivo, sintetizado en una famosa frase: «Si tus fotos no son lo bastante buenas, es que no estás lo bastante cerca». Y Capa lo estuvo hasta su fin, al tropezar con una mina en Indochina en 1954, hecho registrado por su propia cámara. Cubrió veintidós años cruciales del siglo XX, pero en realidad es el fotógrafo de la emoción y en palabras del novelista John Steinbeck: «Capa sabía...que no se puede fotografiar la guerra, porque es ante todo una emoción. Pero sí logró fotografiar esa emoción disparando más allá de ella. Era capaz de mostrar el horror de todo un pueblo en el rostro de un niño».
Cómo no conmoverse, aún hoy, ante la foto de Federico Borrel García, un miliciano leal en el momento que era abatido por el impacto de una bala (1936), la marcha de soldados leales transferidos de un campo de concentración del gobierno francés a otro después de sufrir la derrota en manos de las fuerzas fascistas (1939), la desolación de una mujer luego de un ataque aéreo japonés (19389, un grupo de mujeres huyendo de la lucha en las montañas cerca de Casino (1944), granjeros alemanes huyendo de sus casas incendiadas (1945), las ruinas del ghetto de Varsovia (1948), la llegada de inmigrantes europeos a establecerse en Israel en 1949, la alegría por la liberación de las ciudades francesas y la imagen de De Gaulle aclamado por el pueblo.
Todas estas tragedias se ven matizadas por algunas pocas fotos de Gary Cooper haciendo equilibrio sobre un tronco en el Valle del Sol en Idaho o la de Ernest Hemingway con su hijo. Sutiles gradaciones de grises, blanco y negro que enfatizan las expresiones de los rostros y la elocuencia de la tragedia encarnada en los sufrientes protagonistas anónimos en escenas aún hoy vigentes y que se siguen repitiendo en otras geografías.
Las 100 fotografías son copias en gelatin silver print a partir de los negativos originales y pertenecen a la Colección de Robert Capa Estate que se encuentra en el International Center of Photography de Nueva York, institución creada por su hermano, también fotógrafo, Cornell Capa. Centro Cultural Borges. Clausura el 19 de abril. • En el Espacio de Arte Contemporáneo del Centro Cultural Borges (Sala 9-Planta Baja), coordinado por Laura Spivak, expone Diego Figueroa. Nacido en Buenos Aires en 1975, vive y trabaja en Resistencia, Chaco, donde obtuvo el título de Maestro de Artes Visuales. Fue becario de la fundación Antorchas, en 2003 ganó el Primer Premio II Salón La Capital (Museo Castagnino, Rosario) y coordina actualmente el Espacio de Arte de «Radio Libertad» en Resistencia.
Una obra meditada, elaborada, difícil de encasillar en la que el agua es un elemento recurrente. Aparece contenida en piscinas pero los bañistas no están adentro. Nadan, se asoman o parecen observar fuera de ellas. Cuando están adentro ¿juntan o extraen el agua?. El paisaje no es bucólico, más bien ominoso ya que está cruzado por cañerías, cada tanto, patos, pájaros o conejos parecen huir.
Este artista, entre 2003 y 2004, se encerró durante 24 horas en un habitáculo asistido por oxígeno, agua potable y raciones de alimento, casi sin moverse y sin nada más que lo necesario para sostener el ritmo vital. Es de suponer que de esa experiencia de laboratorio nacen estas imágenes borrosas, perdida la noción de espacio y tiempo, por las que Figueroa intenta hacer reflexionar sobre el valor del agua, un recurso fundamental, hoy en la mira de intereses internacionales y patrimonio de poblaciones periféricas, como Resistencia donde vive el artista. Una obra de acento dramático acentuado por la imagen desfocalizada, una alusión al borramiento de los límites y al anonimato globalizador, un cromatismo transparente y que al entrar al Centro Borges invita a detenerse.
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