Annette Bening y su joven rival, Julie Punch, ensayando una nueva obra de teatro en «Conociendo a Julia», de István Szabó.
«Conociendo a Julia» («Being Julia», 2004, Canadá, EE.UU., Hungría, 2004; habl. en inglés). Dir.: I. Szabó. Int.: A. Bening, J. Irons, S. Evans, J. Stevenson, L. Punch.
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"Conociendo a Julia", el nuevo film del director de «Mephisto» István Szabó, es como «La malvada» pero con burbujas de champagne. Basada en la novela «Theatre» de William Somerset Maughan, su protagonista es la diva teatral Julia Lambert, que triunfa en los escenarios de un Londres que ya siente la inminente guerra sobre sus cielos (1938).
La clara y a veces obvia metáfora sobre los confusos límites entre los conceptos de persona y máscara que, como en una buena parte de la literatura de principios del siglo XX, domina el libro de Somerset Maughan (ya desde su conocida raíz etimológica: «máscara» es «persona» en latín) se suaviza en esta adaptación moderna y ligeramente sarcástica, para convertirse en un alegre manifesto sobre el triunfo de la experiencia y la sabiduría. Annette Bening compone a su personaje con tanta convicción como felicidad: su rostro luminoso, con una sonrisa hasta realzada por las primeras arrugas, no tiene ni los rastros duros ni la agónica desesperación de Bette Davis en «La malvada», cuando veía su reinado amenazado por una advenediza impertinente; por el contrario, la aparición de la ambiciosa pero inexperta actriz Avice Crichton es apenas la llamada de alerta para obtener una nueva victoria. Julia se sabe triunfadora y, si bien no puede derrotar lo único inmanejable, el paso del tiempo, lo demás no la ensombrece aunque todos parezcan complotarse en su contra.
Para su esposo, el empresario teatral que interpreta Jeremy Irons, Julia es sólo la parte más preciosa de su inventario de bienes; para Tom, el joven amante norteamericano que llegó a Londres con el fin de poner un pie en la cultura europea (y que logró mucho más que eso cuando la sedujo a ella), no terminará representando algo muy distinto.
Julia, en el cerco amenazanteque se va formando a su alrededor, también cuenta con un amigo de quien ignora su condición de homosexual, una madre lejana que la reclama, una vieja mecenas inoportuna, y una maravillosa asistente personal (Juliet Stevenson, personaje calcado sobre la Birdie de Thelma Ritter en «La malvada»). Sólo le hace falta dar un paso, atreverse al gran gesto que la redima, dar con la vía (como se decía tiempo atrás) de «encontrarse a sí misma» y terminar con la actuación. Ingenioso y funcional es el recurso hacer aparecer, como fantasma, a su maestro de teatro (Michael Gambon), que viene a asistirla en los momentos necesarios. Szabó es un cineasta que ha consagrado su obra a prácticamenteun único tema: las estrategiasdel espíritu, morales o amorales, para desarrollarse en circunstancias adversas u opresivas. El actor de «Mephisto» que debió trabajar para los nazis (lo mismo que reiteró en su vida de Wilhelm Furtwängler en la no estrenada «Taking Sides»), las simulaciones del coronel Redl, el ilusionismo de mala conciencia de Hanussen, la lucha del director de orquesta de «Encuentro con Venus» contra la burocracia y la desidia. En «Conociendo a Julia», película de «máscaras» por excelencia, esa misma obsesión vuelve a estar presente aunque de manera casi chispeante.
La reconstrucción del West End londinense a fines de los años 30 es impecable y, aunque el comentario suene algo frívolo, la actuación de Annette Bening deja muchas dudas sobre la decisión de la Academia de no haberle otorgado el Oscar a ella en lugar de a Hilary Swank.
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