"Un crimen común": el realismo social no se lleva mal con el terror

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“Un crimen común” es un buen ejemplo de cómo el cine fantástico puede aplicarse a cualquier tema, inclusive los que se acercan al realismo social. Algo difícil, ya que en principio ambas cosas parecerían estar en las antípodas, pero el director y coguionista Francisco Márquez fusiona estos dos opuestos en una película sutil y original. Durante media hora no hay señal de que esto podría ser una película de terror, salvo por las imágenes de un recorrido en tren fantasma en la secuencia de créditos. La trama se limita a presentar la vida cotidiana de una profesora de sociología que vive sola con su pequeño hijo y de vez en cuando es asistida por una empleada doméstica. Pero una noche de lluvia se escuchan sirenas y golpes desesperados a la puerta de su casa. Ella va a ver qué pasa y encuentra al hijo adolescente de la doméstica que pide ayuda, pero no se anima a abrirle la puerta. Al día siguiente la TV se enciende misteriosamente y vemos que hubo un joven muerto en un supuesto enfrentamiento, y a partir de entonces el fantasma del difunto se le empieza a aparecer a la profesora, recriminándole su cobardía.

La película va tomando vuelo lentamente, con un estilo visual elaborado y personal que da lugar a buenas secuencias como las de un Scalectrix que anda solo, o un fantasmal paseo por los laberínticos pasillos de la villa donde vivía el espectro. Se trata de un drama sobrenatural más que de terror. Párrafo aparte merece la excelente actuación de Elisa Carricajo, cuyo rostro aparece en primeros planos en casi cada escena.

“Un crimen común” (Argentina, 2020). Dir.: F. Márquez. Int.: E. Carricajo, M. Martínez, E. Otazo.

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