13 de agosto 2001 - 00:00
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La pintura europea es otro rubro que suscita interés. Así, en el próximo remate de Bullrich, Gaona & Wernicke que comienza el 14 de agosto, la pieza clave es «La laitière regardant ses vaches», una apacible escena campestre del siglo XIX pintada por Julien Dupre y estimada entre 12.000 y 20.000 dólares.
Luego, figura una mesa estilo barroco italiano con incrustaciones de cobre, marfil y nácar que parece una joya reluciente y tiene una base que oscila entre 17.000 y 20.000 dólares. Abundan pinturas europeas de los siglos XVII, XVIII y el XIX, pero ninguna sobrepasa los 20.000 dólares de estimación. Aunque nadie lo dice en voz alta, quienes ganan en este negocio son los extranjeros que se llevan casi la totalidad de las obras importantes. «La gente prefiere que las transacciones sean en el exterior o evitan la visibilidad de los remates por temor a la AFIP», es lo que se oye. De este modo, las obras de mejor calidad cruzan la frontera y, en el horizonte que plantea la crisis, se divisan quienes pese a todo y con bajo perfil cosechan ganancias.
No es mucho lo que queda del arte y las antigüedades que reunió la Argentina cuando era el granero del mundo, pero todavía alcanza para mantener las suntuosas sedes porteñas de las casas Sotheby's y Christie's y el interés de los dealers, que suelen hacer operaciones rápidas con un puñado de dólares en la mano. El riesgo, es la ligereza con que mayormente se evalúan las obras.
El año pasado, Christie's estimó en alrededor de 40.000 dólares una pintura de Ludovico Carracci que pertenecía a la familia Ravena y que terminó subastándose en esa misma casa por casi 5 millones. Lo cierto es que la obra fue vendida a un dealer por menos de 50.000 dó-lares, y los Ravena recién se dieron cuenta de que habían perdido algo más de cuatro millones al visitar el Metropolitan de Nueva York, cuando en una exposición de Carracci se encontraron con su pintura.
El mercado ha perdido su magia, a las grandes rematadoras ya no les interesa el arte argentino que está devaluado, y ni se les ocurre volver a mencionar que no hace mucho tiempo tenían la intención de fundar una subastadora en Buenos Aires, que iba a ser la sede de la clientela del Cono Sur.




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