29 de mayo 2003 - 00:00

De su reciente autobiografía

«Posiblemente sea una coincidencia pero mis padres abandonaron la ciudad apenas nací. Eramos demasiado pobres para ser ingleses. No sé quién era el Rey en ese momento, pero no lo acusaron por mi nacimiento. Por supuesto, era un Rey inteligente, e hizo lo que hacen los reyes inteligentes: le echó la culpa a la administración anterior».

«Todavía existe mi vieja casa en Eltham. Hasta pusieron una pequeña placa en su frente: 'Ultimo baño antes de Escocia'. Yo era el preferido de mamá: solía jugar mucho conmigo y me arrojaba por el aire. Qué bueno hubiera sido que alguna vez me atajara al caer.»

«Eramos tantos en la familia que sólo cuando cumplí ocho años me tocó el turno para ir al baño. Era el único baño en todo el vecindario con puerta giratoria. Haciendo cola frente al baño, con siete hermanos, aprendí a bailar. En mi niñez, yo usaba la ropa que habían usado mis hermanos mayores. Cuando me tocó ponerme los pantalones largos, podía sentarme sobre una moneda y decir si era cara o ceca. Y cuando le tocó usarlos a mis hermanos menores, ya eran capaces de hacerlo sobre un billete de dólar. Dejé Inglaterra a los cuatro años... apenas aprendí a hablar me deportaron. De todos modos, lo hubiera hecho por mi voluntad apenas me dí cuenta de que todavía tenían un Rey».

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