(27/08/2001) Un grupo de chicos de Dock Sud llegó por primera vez, hace tres meses, a la Fundación Proa para ver la exposición «Imágenes del inconsciente», una serie de obras realizadas por artistas internados en hospitales psiquiátricos de Brasil. Pese a la complejidad del arte que se exhibía, la muestra estimuló su creatividad e, inspirados por esa visita, los chicos realizaron pinturas, dibujos y maquetas con materiales de deshecho. Esta serie de trabajos mereció su propia exposición.
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«Ellos la propusieron e invitaron a sus padres y a la gente de Proa para que la vieran», cuenta Liliana de Souza Carrusca, a cargo de la Casa de Apoyo Familiar Antilco (término mapuche que significa agua que brilla con el sol). «El arte los entusiasmó más que ir al zoológico, y por esta razón regresaron a ver el homenaje al compositor Giuseppe Verdi», cuenta Manuel Ameztoy, mientras les dedica una visita guiada en la nueva muestra de Proa.
Procedentes de una zona violenta y de bajos recursos, la mayor parte de los 28 chicos de entre 3 y 13 años de edad que asiste a Antilco nunca ha concurrido a un cine. Las escenografías y el vestuario de la ópera «Un ballo in maschera» que se exhiben en la muestra los maravillan y ante la instalación de Jorge Ferrari quedan como hipnotizados.
«Es como si a partir del contacto con el arte, hubieran descubierto la capacidad de imaginar que tenían adormecida», observa Souza Carrusca. «En realidad, el notable resultado de la primera experiencia con el arte -agrega-, fue que a partir de las obras que ellos realizaron y con el afán de explicarlas, comenzaron a expresarse y a comunicarse. Son chicos habituados a la acción, les cuesta mucho poner en palabras lo que les pasa o lo que piensan».
De modo casi intuitivo, sin un plan de trabajo organizado ni mucho menos maestros especializados que guíen la tarea, los docentes de Antilco cosechan resultados que causan asombro. Ameztoy destaca que la experiencia resulta estimulante también para la gente de Proa. «Recibimos grupos con frecuencia, pero con Antilco se estableció una relación estable que resulta mucho más provechosa. Como les dimos una carpeta sobre el contenido de la exposición, los chicos ya saben el argumento de la ópera, conocen los personajes y perciben todo con otro interés, por ejemplo, la elección del color de los trajes o el diseño de las escenografías».
En este plan, ambas instituciones concretan una nueva cita. Los chicos van a utilizar las computadoras de la fundación y podrán crear su propia música que se llevarán en un CD. Además, se agendan las visitas a las próximas exhibiciones del pintor mexicano Diego Rivera y el norteamericano Sol Lewitt, esta vez incluyendo a las madres de los niños.
Cruzando el Riachuelo, apenas unos minutos separan a Proa de Antilco. Allí, los trabajos de los pequeños artistas ocupan un lugar preferencial e imponen las únicas notas de color vibrante en un salón tan frío como despojado. Como en el museo, las obras tienen pequeños carteles con el título y el nombre del autor. «La última gota», «Homenaje a la plaza que se cuida», o «Flores de invierno», brindan pruebas de una rica creatividad.
Movilizados por el éxito obtenido, los directivos de Antilco se contactaron con la Escuela de Cerámica de Avellaneda y lograron que los alumnos del último curso realicen sus prácticas en la casa. En los próximos días un estudiante de teatro montará un taller, mientras tratan de conseguir quién enseñe los rudimentos de la música.
Si bien en la zona el ausentismo escolar es un grave problema, acentuado con las inundaciones, para no mencionar las huelgas, que desde hace más de un mes tienen a los chicos sin maestros, en Antilco se resisten a suplir la labor docente. «Apoyamos la tarea escolar, pero nuestro objetivo apunta a otra cosa: la contención familiar, al trabajo con la comunidad y el desarrollo de otras áreas», señalan. Y reconocen que el arte les abre un nuevo horizonte.
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