12 de febrero 2002 - 00:00

Desde abril se podrá ver la obra gráfica de Rembrandt

Cornelis Claesz dibujo de Rembrandt
"Cornelis Claesz" dibujo de Rembrandt
(12/02/2002) Rembrandt van Rijn (1606-1669) fue uno de los artistas que más anticipó el modernismo en Europa.

Gracias a los buenos oficios del Embajador holandés Jan Craanen y el Agregado Cultural Johan Verboom, que han convocado a un grupo de empresas holandesas, el Museo Nacional de Bellas Artes va a poder presentar, en el mes de abril, una gran exhibición de gráfica y dibujos de este gran maestro, que inició en Holanda el arte moderno, en el siglo XVII.

El 27 de enero de 1687, la Academia Francesa -oficializada por Luis XIII, a instancias del cardenal Richelieu, en 1635-, se reunió para escuchar la lectura de una obra de Charles Perrault: El Siglo de Luis el Grande, homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, que gobernaba desde 1661.

Los versos de Perrault no sólo encomiaban al soberano absolutista de Versailles sino también al florecimiento de las artes y las letras en la Francia de entonces.

Ya al comenzar dice: «Yo miro a los antiguos, sin hincarme ante ellos./Son grandes pero son hombres como nosotros./ Y con toda justicia podemos comparar,/al Siglo de Luis con el Siglo de Augusto».

En aquellos tiempos de devoción por el clasicismo, las ideas de Perrault sonaban a herejías. Es lo que sostuvo Nicolás Boileau-Despréaux al terminar la lectura de su colega: se trataba de un insulto a la Academia y al arte.

Tanta sería la resonancia de este episodio que se ha convertido en símbolo de la ácida controversia desatada, en la segunda mitad del Seiscientos, entre quienes se autodenominaron antiguos y modernos («Querelle
des anciens et des modernes»).

•Debate

El debate, que suscitó tratados, cartas y epigramas, se afianzó al publicar Boileau, en 1673, « L'Art poétique», el mayor alegato de los clasicistas. Boileau disparó contra su colega una serie de epigramas feroces.

La actitud de
Perrault, sin embargo, fue más sensata: decidió formular las nociones y propuestas de su escuela, y en 1688 comenzó a difundir su ensayo en forma de diálogo, « Parallèle des Anciens et des Modernes».

En 1697, lanzó el último volumen y la recopilación de sus relatos en prosa, bajo el título de «
Histoires ou Contes du temps passé» (también llamados « Contes de ma mère l'Oie», « Cuentos de mi madre, la oca»).

Perrault
alcanzó celebridad, no sólo porque asumió el liderazgo de los modernos y los dotó de una doctrina, sino también porque con sus cuentos inició y dio pruebas del modernismo. Estos datan de 1690 en adelante.

Tres de ellos, en verso, entre los cuales figura «
Piel de asno», fueron reunidos en una publicación de 1694.

Ocho más, en prosa, salieron en 1697 (
«La bella durmiente del bosque», «Caperucita roja», «Barba azul», «El gato con botas», «Cenicienta», «Pulgarcito»).

La literatura antigua no había producido nada similar a estos cuentos, tan distintos de las fábulas. Los relatos provenían del patrimonio folklórico europeo, de sus novelas medievales, de sus tradiciones populares anónimas.

El genio de
Perrault consistió, en retomar esas historias, dándoles, con su delicado estilo, una nueva dimensión. En verdad, no recreó las historias: las creó, fundando un género.

En estas prosas, aparece la sociedad de entonces, con sus desigualdades y sus mezclas, sus formas de vida, a la manera de una representación moderna de la Comedia humana: he aquí el valor de sus cuentos. Cubiertos por las apariencias de la fantasía y las invocaciones del pasado, se enunciaban los usos y costumbres de ese presente.

Coincidente con la perspectiva de
Perrault, que desarticuló a Boileau, Rembrandt ya había abandonado los modelos clásicos y representado una figuración moderna, en pinturas, grabados y dibujos. La independencia de la gráfica se había irradiado desde la Toscana hacia toda Italia y en definitiva a toda Europa, a partir del XVI, hasta el punto de que llega a ser considerada el fundamento de las artes visuales y la arquitectura: Leonardo le asigna al dibujo un lugar esencial en la obra pictórica, como «medio de conocimiento».

•Práctica

Estas ideas se vieron afirmadas en el XVII, gracias a una práctica cuantitativa y cualitativa, que, con el talento creador y la pericia técnica pusieron en evidencia artistas como Rembrandt. Los retratos y los bocetos del gran maestro holandés, contribuyeron a la emancipación del dibujo.

Desde el punto de vista sociocultural, la representación es el sistema o conjunto de manifestaciones por cuyo intermedio una sociedad, a través de las imágenes y los símbolos que crea y mantiene, los modelos de comportamiento que forja o imita, y los objetos e ideales por los que se moviliza, expresa sus modos de vivir y pensar, su concepción del mundo, sus creencias y valores, su política y su juridicidad, su ética, su arte, su literatura, su educación.

El siglo XVII, que le tocó vivir a
Rembrandt, fue el del esplendor del barroco, un arte vitalmente dinámico, donde la acción y la pasión determinaron las creaciones y trataron de incluir al observador.

Así como el óleo y la escultura, gracias a la encendida movilidad de los temas y la audacia de los medios formales, sacan al espectador de su actitud contemplativa, los grabados lo envuelven en una pródiga abundancia de síntesis que posibilitan dibujos magistrales.

Todavía en el siglo XVII Europa estaba sumida en la violencia de grandes contradicciones. Las luchas religiosas y las controversias bélicas entre los nuevos Estados nacionales acrecentaron el
desencanto frente al fracaso del hombre nuevo postulado por el ideal humanista.

Las poéticas del barroco desarrollaron un verdadero desarraigo de la tradición metafísica y fueron, por ello, anticipadoras de un fenómeno característico de la cultura moderna: la liberación del arte de las propuestas miméticas. El delirio barroco se desplegaba entre contrastes: formas pequeñas y grandes, cercanas y lejanas, entre lo cóncavo y lo convexo, entre la luz y la oscuridad. Pero tales oposiciones eran superadas por una síntesis, que constituía el ideal del arte barroco. Su objetivo era una realidad en que lo natural y lo sobrenatural concurrieran para establecer una amalgama espectacular.

•Visual

Si bien el barroco tuvo múltiples manifestaciones tanto en el ámbito literario y poético como en el musical, el hecho de contar entre sus propuestas esenciales la exaltación de lo visual hizo que encontrara su expresión máxima en la arquitectura, la pintura y la gráfica. En el terreno de las artes visuales, desde el punto de vista técnico, los pintores recurrieron a la intensificación de los efectos luminosos para traducir el dinamismo y la profundidad del espacio. Al convertirse la luz en el elemento esencial de las obras, cobró fuerza lo lineal y las escenas devinieron en teatrales y, en muchos casos, violentas. El gran iniciador de las nuevas tendencias fue el italiano Caravaggio, a comienzos del XVII, quien, con su empleo del claroscuro, echó las bases del llamado «tenebrismo».

Annibale Carracci, Pietro da Cortona
y Antonio Canaletto establecieron otras vertientes del Barroco, un movimiento que culminó a mediados del XVIII, y que brilló en Italia con la obra de Giovanni Battista Tiépolo. En España, el estilo se desenvolvió a través de artistas tan portentosos como José de Ribera, Francisco de Zurbarán o Diego Velázquez. En la Escuela Flamenca, el referente fue Pieter Paul Rubens, y en la Escuela Holandesa, Rembrandt van Rijn.

Una de las piezas más importantes de la Colección del Museo Nacional es su «
Retrato de la hermana Lisbeth van Rijn».

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