9 de mayo 2005 - 00:00

Desparejo ciclo de danza contemporánea

Roxana Grinstein, Valeria Kovadloff, Pilar Beamonte, Ana Garat, Gerardo Litvak, GabrielaPrado, Luis Garay y Miguel Robles, los coreógrafos que participan en «Contemporáneax 6».
Roxana Grinstein, Valeria Kovadloff, Pilar Beamonte, Ana Garat, Gerardo Litvak, Gabriela Prado, Luis Garay y Miguel Robles, los coreógrafos que participan en «Contemporánea x 6».
«Contemporánea por 6». Ciclo de danza independiente. Obras de M. Robles, G. Prado, P. Rotemberg, G. Litvak, V. Kovadloff y L. Garay. (Teatro Alvear.)

Este ciclo del Complejo Teatral de Buenos Aires agrupa obras de seis creadores en tres programas que seguirán hasta el 5 de junio. Ya se ofrecieron dos, el primero con una coreografía de Miguel Robles, y otra conjunta de Gabriela Prado, Pablo Rotemberg y Gerardo Litvak; y el segundo, con obras de Valeria Kovadloff y Luis Garay.

Entre las distintas tendencias y vertientes de estos cinco trabajos, lo mejor fue lo que presentó Miguel Robles, dos obras relacionadas entre sí de alguna manera. Ambas son ballets musicales (vale decir, sin argumento) pero las dos apuntan a encontrar significaciones en el comportamiento grupal de hombres y mujeres en situaciones peculiares. «Fratres» fue diseñada para cinco bailarines sobre una partitura de Arvo Part y «Something Beneath» para un conjunto de doce. La primera, severa y reconcentrada, casi ascética. La segunda, compulsiva y erótica, cercana a un ritual primitivo. En ambos casos, Robles manejó bien a un calificado grupo de bailarines.

«Hay en mí formas extrañas»,
del colombiano Luis Garay (que se vio en el segundo programa) también resultó una interesante investigación sobre el espacio escénico y el movimiento de potente carga energética. Otra vez los grupos a la manera de ejercicio tribal ocuparon el escenario, delimitado por barras blancas y sobre música de Jorge Grela. El comportamiento de los celebrantes fue eficaz y los diseños coreográficos articularon desempeños individuales y conjuntos.

Las demás obras («Un monstruo y la chúcara» y «Guarda nada») fueron dúos bien bailados pero de un hermetismo asfixiante. Quizás un mayor poder de síntesis (duran 45 minutos cada una) les hubiera dado una mayor efectividad e impacto al transmitir situaciones de soledad, que por reiterativas pierden el efecto deseado. Una pena.

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