11 de junio 2003 - 00:00

Después del canto y la política, Guarany ahora quiere actuar

Horacio Guarany
Horacio Guarany
P olémico, contradictorio, por momentos inefable. Así es el Horacio Guarany que se sienta frente al periodista para hablar de «Hasta siempre cantor», el multitudinario de «despedida» que dio el sábado pasado, pero la conversación se vuelca casi exclusivamente hacia lo político. Y habla sin problemas de su amistad con Carlos Menem, de su admiración por Fidel Castro y de la expectativa favorable que le abre la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia.

Periodista
: ¿El recital del Gran Rex fue efectivamente la despedida?

Horacio Guarany: Lo que ocurre es que la empresa que me contrató me propuso, además de ese recital, hacer una versión teatral del «Martín Fierro», algo que ya hice en la época de Onganía y me lo prohibieron, según decían, «por ser conocida su militancia extremista y por ser un perturbador del orden público». Eso me quedó atragantado. Hace un par de años también me hablaron de hacer en teatro la vida de los Podestá, un tema que me interesa mucho. Recuerde que yo he hecho dos películas también. Conclusión, que la idea es armar un buen elenco, con buenos actores, con un contrato de por lo menos tres años para que se justifique la inversión. De modo que si me dedico tanto tiempo al teatro, el cantor quedará postergado. De ahí el título de «Hasta siempre cantor» que le pusieron -aunque yo quería llamarlo «De puro cantor nomás»-. Por eso suena a despedida, sobre todo después de lo que pasó con Los Chalchaleros. La verdad es que estoy cansado, quiero hacer algo nuevo; y sé que tengo condiciones. Grandes artistas argentinos y aún de afuera, como José Sacristán, me han dicho que yo tengo muchas condiciones como actor.Y no tengo miedo a decirlo, porque sería falsa modestia. Si se dan las cosas, entonces, haré teatro.


P.:
Usted hablaba recién de las prohibiciones y podríamos agregar el exilio de los años '70 por su militancia política. ¿Cómo se aleja del comunismo y se acerca tanto a Carlos Menem, al punto de haber participado del cierre de su última campaña?

H.G.: Yo soy amigo de Menem, como soy amigo de Duhalde. Pero la amistad es una cosa y la política es otra.Yo no soy menemista ni he apoyado a Menem. Me llamó Márbiz, como a varios otros artistas, porque Menem nos quería hablar, y por supuesto fui. Menem fue el único tipo que me llevó a la Casa de Gobierno, me condecoró, me dio un premio. Tengo que ser agradecido. Que haga buena o mala política es otro tema. Así que ahí fuimos, con Ariel Ramírez. Ahí vino Pierri, otro amigo mío, y me invitó para ir al Luna Park. Una vez ahí, me pidieron que lo saludara y yo pensé que era en el camarín; pero no, era para subir al escenario. Soy amigo y ahí estuve; lo que no quiere decir que acuerde en todo lo que hace.


P.:
Pero su presencia significa también un apoyo político.

H.G.: Claro que sí y me gusta la idea de hablar de política. ¿Cómo no iba a apoyar a Menem frente a la incertidumbre que había de los candidatos? ¿A quién podía apoyar?Yo soy comunista y anarquista de sentimiento. Del mismo modo, apoyé a Alfonsín cuando quería llevar la capital a Viedma, porque la solución de la Argentina es la industrialización de las zonas de producción y la descentralización.Y, como dijo Fidel Castro, otro punto central es educar a la gente; no pensar solamente en la economía, porque eso es lo que le permite al obrero trabajar y no estar esperando limosna. Como me gusta lo de Chávez, lo de Lula, lo de Lagos, lo de Toledo. O sea que, volviendo a Menem, apoyo al hombre que sacó el servicio militar obligatorio, que terminó con la inflación, que privatizó las empresas del estado para que no haya corrupción y para que los milicos ya no quieran volver a tomar el poder para chorear con ellas, que logró el Mercosur, la única gran solución de Latinoamérica para enfrentar al pulpo de Estados Unidos, que es el peor enemigo que hemos tenido en toda la vida. No puedo compartir con Menem que sea amigo de Estados Unidos, pero sí lo apoyo porque es pícaro y sabe darse cuenta de que el mundo está manejado por tipos muy vivos, todos Scarface, en todos los gobiernos, de Italia, de Francia. Nosotros somos una colonia yanqui y no nos quieren dejar producir nada. Cuando tuvimos el Pucará nos mataron, cuando queremos patentar un remedio nos matan. Ellos quieren fabricar los tornillos y que nosotros sólo produzcamos la carne y los cereales. ¿Y a quién va a mandar a hablar con esos tipos? ¿A De la Rúa? ¿A Duhalde? Hay que ser más vivo que ellos para poder ganarles. Y Menem es vivo, es un tipo que fuma bajo el agua. Para pasarlo van a tener que trabajar mucho los yanquis.


•Desconocido

P.: ¿Qué piensa de Kirchner?

H.G.: Que ojalá que Kirchner sea también así, pero ¿cómo lo iba a apoyar si no lo conozco? Piense además: Menem asumió seis meses antes porque Alfonsín le tiró el gobierno, con los jubilados en la calle, con la CGT y los militares en contra, con una inflación que nos devoraba.Y paró las huelgas, paró a la CGT, a los militares, hizo las autopistas, logró Puerto Madero, lo trajo a Rosas para los rosistas, puso al peso a la par del dólar. Es cierto que Menem indultó a los jefes militares, pero ése era un compromiso de Alfonsín, que fue quien se mandó la verdadera macana cuando perdonó a todos los otros. Los que no tenían que salir eran los que torturaban. Galtieri, o Videla o Massera, dieron las órdenes, pero los que torturaban eran los otros, y ésos tienen que estar en cana. Fíjese si no tenía que apoyar a Menem. A mí me llenó de emoción que Kirchner lo trajera a Fidel Castro y que dijera todo eso contra Norteamérica; me devoré el discurso. Lo que creo es que hizo mal de decir esas cosas acá, porque está comprometiendo al país. No sirve decir que no vamos a pagar la deuda externa porque al día siguiente tenemos a los yanquis invadiéndonos. Y lo sabemos bien porque pusieron a Pinochet en Chile, apoyaron a la gente del Proceso. Fíjese si no lo que le hicieron a Duhalde: el corralito, la pesificación, hundieron el país. Yo creí mucho en el Partido Comunista y me di cuenta de que eran iguales a todos. Entonces, ojalá que Kirchner sea más vivo que Menem y que cumpla la mitad de las cosas que dijo; si es así, lo voy a apoyar también. Porque yo no apoyo a Menem ni a nadie en particular, sino que apoyo al país.


P.:
¿Y qué sintió cuando Menem decidió no presentarse a la segunda vuelta?

H.G.: La misma bronca que sintió él. Porque hasta podría haber ganado. Lo que pasó es que todos los de las provincias no quisieron quedar pegados a él si no ganaba. Por eso Menem aceptó no participar pero les dijo: «esto no se los voy a perdonar nunca». Lo repito: la política es una cosa horrible. Mire a los diputados y senadores, ¿qué hacen por el país para merecer esos sueldos, esas comodidades y esas jubilaciones? Yo me engrano porque me da bronca que digan que apoyé a Menem. En realidad apoyé al único que se podía apoyar en ese momento. Y como si fuera poco, juega bien al golf, al tenis, al fútbol, pilotea bien auto y helicóptero, se gana todas las minas. Tonto, evidentemente, no es.


P:
¿No temió que este apoyo le alejara parte de su público que puede no querer a Menem?

H.G.: A mí, a esta altura, no me importa nada más que decir lo que pienso. Nunca nadie me ha dicho nada, porque también eso tenemos. De frente nadie te dice nada y todo lo decimos por atrás.Yo apoyo al que hace las cosas bien. Yo soy agnóstico, pero si un cura hace algo bueno, lo voy a apoyar. Del mismo modo que toda la vida he pedido que se abran los prostíbulos. La necesidad no la puede parar nadie, y no hay donde pueda ir el pobre. El rico no tiene problemas porque tiene guita, auto, y levanta minas. Pero el pobre termina violando a una piba, a una mujer embarazada, después la mata. Ese desorden social que hay con el sexo se solucionaría un 80% abriendo los prostíbulos. Con mujeres y hombres controlados para que no se transmitan enfermedades.

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